Cuadernos de Viajes

 Cuadernos de viajes

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com


El cuaderno de viaje, de moda y con una línea en ascenso sin precedentes, es una especie de diario de a bordo en el que el capitán puedes ser tú. Une literatura e imagen, y, aunque para crearlo y recrearlo se pueden utilizar muchas técnicas, los acuarelables son los idóneos.


Material empleado:

Cuaderno de Viaje. Hay muchos, de muchos gramajes y calidades.

Gouache:

            Blanco – White

            Rojo Bermellón - Vermilion

Tinta China

            Negro – Schwarz

Acuarela en pastilla:

            Paleta básica caja de 12 colores

Pinceles:

Redondos del 12, 10, 6, 2, 1

Roller Pen de Tinta Líquida resistentes al agua:

            De punta redonda y plana. Números: 0.2, 0.5 y 0.7



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Cuadernos de Viaje. Macarena Márquez. www.macuarela.com

 

Llevar una pequeña caja de acuarelas en un bolsillo, algunos pinceles, bolígrafos de tinta, algún tubo de gouache y el cuaderno en sí, es algo que no ocupa lugar. En cuanto al agua, todo acuarelista que viaje sabe que es posible tener siempre agua limpia a mano, aunque no se disponga de grifo. El secreto está en llevar dos pequeños botes que cierren bien. Uno siempre será para limpiar pinceles, y otro para aplicar agua limpia. La limpieza, en la técnica de acuarela es imprescindible. ¿No llevamos siempre la botella de agua encima? Pues para desarrollar un cuaderno de viaje, llevaremos dos pequeños botecitos, que pesan menos.

 

A partir de aquí, todo es empezar.

 

Al principio cuesta. Es como iniciar una novela, una partitura, o un cuadro. El lienzo blanco siempre asusta, pero también es la gran piscina de la creatividad. No está nada escrito, aunque siempre nos hayan dicho lo contrario. El mundo siempre está por descubrir, porque para un artista, de poco sirven las guías si no es capaz de atesorar paisajes y luces, perspectivas, personas y personajes: el planeta. Todo ello sintetizado en bocetos.

 

Yo recomiendo empezar con un cuaderno de espiral, los hay preciosos y de una calidad inestimable. Los precios, como en todo, también los hay variados, pero no hay que asustarse, el tipo medio es muy asequible. Recomiendo empezar con este tipo de cuaderno de tapa dura por varios factores, porque cada hoja tendrá un desarrollo y no nos descentraremos, pero también porque, si no nos gusta lo que está sucediendo en nuestro papel, lo que es normal, sobre todo cuando se está empezando, podemos arrancar la hoja sin temor a estropear el cuaderno.

 

Después de dos o tres cuadernos, ya podremos elegir cualquier tipo entre toda la oferta del mercado. Los expertos en cuaderno de viaje prefieren los que no tienen espiral, lo que también tiene un sentido concreto. Este tipo de cuaderno, al abrir, ya sea encolado o incluso grapado al centro, no tiene salto entre una hoja y otra. Imaginemos un periódico abierto, ese será nuestro cuaderno, y podremos pintar en el centro de las dos páginas siempre que nos convenga para los textos narrativos, o por la propia importancia que queramos dar a la imagen.

 

Se trata de dar contenido a nuestras visitas, plasmar aquello que nos ha llamado la atención, o dejar inmortalizado un punto de luz y temperatura que nos hizo feliz, o incluso menos feliz, pero fue importante. No todo lo bello es alegre.

 

La fotografía tiene su lugar. Incluso nos valdremos de ella cuando lleguemos a nuestro hotel o apartamento. Sería muy bonito pintar in situ, pero no siempre es posible. Por tanto, la fotografía será nuestra herramienta, en donde nos apoyaremos para transferir algo más. Cuando llegamos de un viaje a menudo nos encontramos con miles de fotografías repetidas, malas, buenas y buenísimas. También malísimas. La mayoría de las veces, no hablo de fotógrafos profesionales o aficionados con técnica y arte, no nos acordamos de seleccionar lo bueno y acabamos acumulando material digital que dejaremos en herencia a nuestros descendientes, y que estos, seguramente, no verán. No lo hacemos ni siquiera nosotros, que hicimos las fotos.

 

En cambio, un cuaderno de viaje es una semblanza propia. En ella mostraremos, no el viaje de la guía de turno, sino nuestro viaje, nuestras simpatías y antipatías, lo que nos hace felices o nos crea conciencia de belleza, de estabilidad y equilibrio. Y dibujaremos y pintaremos montañas, catedrales, mares, trenes, arte, música, Y también a quienes amamos y nunca olvidaremos. Y, además, lo dejaremos ahí para siempre. Casi seguro que no irá a la papelera, desde luego no irá a la papelera de nuestro ordenador porque se trata de un cuaderno, y de un cuaderno joya que, bien realizado, o más de principiante, se rifarán nuestros hijos o amigos cuando ya no estemos.

 

Podría hablaros de la historia de estos cuadernos, pero este post es solo de iniciación. Habrá más. En la muestra tan sólo he escrito a pincel. Un placer que hemos olvidado. Digitar es rápido, y si no que me lo digan a mí, que también escribo. Con todo, coger un pincel, cargarlo de pintura y deleitarnos en ello es entrar en el mundo de la conciencia plena del arte.

 

No olvidemos lo esencial:

 

Lo importante de estos cuadernos es pintar lo que la fotografía no ve.

 

Ve mirando en cuál de ellos vas a empezar a plasmar esto último que acabo de decir.

 


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Macarena Márquez Jurado

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