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Cómo pintar un RETRATO en clave FAUVISTA en 3 pasos

 © Macarena Márquez Jurado

Pintar un retrato en clave fauvista es entrar en otra dimensión, ser libre para retratar a una persona en todos sus planos y universos, sin ceñirse a la realidad visual y sin que deje por ello de ser dicha persona.

<alt="Pintar retrato paso a paso"/>
Cómo pintar un retrato en clave fauvista
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Retrato de Dolly Martín White


Material Utilizado:

·         Papel de grano fino, 300 gr/m2. 

·         Acuarelas líquidas

·         Témpera

 

Para comprender los fundamentos de este movimiento, que siempre me ha seducido, os remito al artículo:  Fauvismo. Lo FAUVE en Acuarela. Allí están las claves para agrandar nuestra percepción a la hora de ponernos frente a un paisaje o retrato de Matisse, por ejemplo. En este artículo me quiero detener, no en el movimiento fauvista en sí, sino en expresar de forma descriptiva – con imágenes y palabras - la fuerza que confiere liberarse del dibujo y de todos los cánones aprendidos para adentrarnos en lo que el artista intuye. Es el pintor el que expresa según el motivo que ve, lo que ve o a quien ve. Y hay diferentes claves o estilos para hacerlo. Dichos estilos, los cánones o las claves, son vehículos de expresión. Mientras mejor los conozcamos y los apliquemos, más cerca estaremos de aportar algo. Hay veces en que es mejor no expresar. Cuando la realidad nos supera, si la reflejamos de forma deficiente o sin hacer aportación alguna, resulta mejor seguir aprendiendo antes de conformarnos y colgar nuestra obra en el salón de nuestra casa. Claro que lo podemos hacer, pero eso no es arte. A veces es mejor una pared vacía.

Hay personas que expresan mucho sin herramientas ni horas de estudio. Por otro lado, hay quienes ejecutan con gran virtuosismo, que tienen todas las herramientas y conocimientos, pero que no expresan nada. Con todo, ni lo uno ni lo otro es lo común, estos ejemplos marcarían los dos extremos. En cuanto a los estilos, unos se adaptarán mejor que otros a nuestra forma de conocimiento del mundo, aunque no son excluyentes. El artista puede expresar a través de vehículos o estilos diferentes y no siempre tiene que utilizar la misma línea en la práctica.

Con esta liberación de todo el aprendizaje académico que propongo en este artículo, no quiero decir que no sea necesario saber dibujar o pintar. No es eso. Hay personas que piensan que pueden pintar maravillosamente sin saber. Y eso solo sucede cuando el genio supera a todo lo aprendido y solucionado a lo largo de la Historia del Arte por los pintores y artistas. Paolo Uccello, uno de los artífices del invento de la perspectiva, no dormía estudiando la forma de colocar las lanzas de sus cuadros en el suelo de forma que parecieran oblicuas al espectador. Oblicuas: esa dificultad superada por los artistas del Renacimiento. Ahora nos parece muy fácil traspasar a las dos dimensiones de nuestro papel la tercera dimensión, el profundo, en el Quattrocento no. El hombre medieval aun no sabía pintar con perspectiva. Dicho invento, comprender cómo se podía plasmar el volumen de un ser humano en un soporte plano, fue la gran revolución y uno de los grandes aportes de los artistas del Renacimiento a la Historia de la Pintura. También fue precisamente esta contribución la que nos llevó a querer plasmar la realidad cada vez de una forma más fidedigna, más real, hasta llegar a lo fotográfico. En ese bagaje, los artistas perdieron muchas veces fuerza, el estro artístico, la esencia. Esto no siempre reside en la realidad y su fidedigna plasmación, sino en una meta realidad que no todos pueden aislar o percibir, y mucho menos plasmar. Del mismo modo, no todo el mundo es capaz de aislar un elemento en una probeta, o de obtener el pigmento de la falla de la mina.

Dicen que solo el arquitecto que sabe y conoce puede derribar el edificio. Lo hemos podido ver en algunos casos en que un rascacielos ha ardido y ha sido el arquitecto quien ha tenido que dar las pautas para acabar de derribarlo. Es una metáfora. Después, han podido pasar varias cosas, o que se construya un nuevo edificio o que no se construya nada. Pero si se construye de nuevo, esta nueva construcción puede ser diferente. Y el espacio sigue siendo el mismo.

Lo mismo puede suceder en pintura. Se puede retratar a una persona con realismo, con hiperrealismo, con pintura, escultura, arquitectura o con una cámara de fotos. Pero también se puede intentar captar a esa persona derribando todas las pautas aprendidas, como el arquitecto del que hablaba, para reflejar una meta realidad, que solo es alcanzable a partir de estilos que no abordan al retratado con las claves clásicas. El fauvismo es uno de los estilos artísticos que considero más libres para el retrato. Hablo de ese retrato que no pierde la base del retratado, algún punto de parecido con la realidad, de una meta realidad que aun conecta con lo descriptivo. Por supuesto que existen otras formas, otros caminos, estilos artísticos. Pero en este artículo he querido hablar de éste.

Desde esta libertad de ejecución, he pintado este retrato, que en realidad es un metaretrato fauvista.

He utilizado tres de las muchas claves de este tipo de pintura. Son las siguientes. Te animo a seguirlas, que emprendas un retrato con estas pautas, libre, y que compruebes el resultado:

1.- Hay que Liberarse de todo lo aprendido. Aunque digo liberarse, no quiero decir no conocer o no haber aprendido. Para pintar bien es necesario saber. En ocasiones es necesario saber y olvidar, aunque sea momentáneamente. Para deconstruir es necesario saber construir. Para derribar su edificio el arquitecto ha sabido levantarlo previamente. Tanto si sabes mucho como si sabes poco, haz la prueba. Libérate de ello y ponte frente a la persona que quieres retratar, frente a ella o frente a una foto. No para copiarla. Es algo más profundo. Inténtalo hasta conseguirlo. La persona ¿es rubia y de grandes ojos azules con pestañas larguísimas y mirada profunda? Olvida todo y quédate con la mirada profunda. A ver cómo se pinta eso.

<alt="Pintar retrato paso a paso. 1"/>







Retrato Fauve con Acuarela: Hexágono inferior izquierdo. El ojo no es un ojo, la nariz no es una nariz, la frente no es una frente, la ceja no es una ceja. Pero lo son.

2.- Es el color el que dibuja y no la línea. Piensa en ello antes de abordar tu retrato. El valor es el color. Y son colores planos. A través de las masas planas de color se puede obtener volumen. Rosas. Verdes. Haz la prueba.

<alt="Pintar retrato paso a paso. 2"/>

3.- No hay más lejos o más cerca, no hay perspectiva atmosférica, aquella que aprendimos por la cual, dicho de una forma simplista, mientras más lejos está un cuerpo hay que pintarlo más claro. La única profundidad en este tipo de pintura es el color. La luz no proyecta sombras. No hay degradación tonal producida por el grado de humedad o la temperatura. No hay distancias.


<alt="Pintar retrato paso a paso. 3"/>



 




Te animo a que pruebes. Pinta un retrato con estas tres claves. No busques parecido con la realidad, el parecido que se encuentra es de otro tipo. Investiga. Experimenta. Da un salto y comprueba tú mismo lo que hay.

Nota 1: Para comprender la pasión por la perspectiva generada en los pintores del Quattrocento, recomiendo el precioso relato de Marcel Schwob: Paolo Uccello: Pintor.

 

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EL OCRE AMARILLO

EL OCRE AMARILLO

Índice Internacional de los Colores.

Nombre y número IC:  PY43

Descripción Química: Óxido de Hierro amarillo natural

Color: Ocre Amarillo

© Macarena Márquez Jurado

 

Para empezar a hablar de este color, básico en cualquier paleta de artista, vuelvo a regresar a la Provenza francesa, de la que últimamente no salgo. Este color, ya en su vertiente de producto de Bellas Artes, fue extraído de los acantilados de Rosellón (Les Ocres) a fines del siglo XVIII. El artífice fue Jean Étienne Asier, que no dejó pasar desapercibido el hecho de vivir en uno de los depósitos de ocre más importantes del planeta, Rosellón, lugar en donde todo es ocre, las fachadas, los caminos, los acantilados, incluso la atmósfera cuando se pone el sol en verano y a uno le parece estar viviendo inmerso en una visión filtrada de este color.

<alt="Color Ocre Amarillo"/>

Foto 1: El Ocre Amarillo www.macuarela.com
1-2 y 3: Acuarela en pastilla. 4: Acuarela en Tubo. 5: Acuarela líquida.


Asier fue el primero en separar el tinte ocre de la arena de los acantilados, aislando el pigmento. Desde allí, lo transportó a Marsella, y desde el puerto de Marsella lo comercializó. Primero lo dio a conocer en Europa y a continuación en el resto del mundo. Fue un negocio floreciente a pesar de que produjo el descontento de los vecinos de Rosellón, que protestaron porque la arena y polvo desechado, una vez aislado el pigmento, se empezó a acumular en su calles, por lo que, cada vez que se levantaba el viento, la transparencia atmosférica a la que estaban acostumbrados se emborronaba. Asier tuvo que enviar los depósitos de desecho fuera del núcleo poblacional.

Actualmente se puede caminar por el llamado Sendero del Ocre, una ruta inevitable e inspiradora para cualquier amante de los colores y que, siendo turística, se sale un poco de los circuitos más renombrados. Se trata de una inmersión en un color concreto, zambullida en un océano en el que todo es ocre y que da paso al entendimiento profundo de muchos de los cuadros del grupo de pintores que trabajaron la luz de Provenza, Gauguin, Van Gogh, Cezanne, Picasso etc. Sin este paseo conoceremos la obra de estos pintores, claramente, pero no del mismo modo.  

En cuanto a la historia del ocre se remonta al Paleolítico. Es uno de los colores fundamentales, y casi exclusivos, del arte rupestre. Pero también se utilizó a lo largo de toda la Historia del Arte, en el arte egipcio, griego y romano. Plinio y Vitrubio ya hablaron de su uso, aunque quien teorizó en lo que se puede considerar el primer tratado moderno de pintura fue Cennino Cennini. Lo hizo en El Libro del Arte, del que ya hemos hablado en otros artículos relativos a esta historia y uso de los colores. Para una mayor profundización en la historia de los ocres y amarillos, recomiendo el artículo: El Amarillo de Cadmio.

Sobre el Ocre, Cennini nos dice en su tratado: Es amarillo cierto color natural que se llama ocre. Este color se encuentra en tierra de montaña, allí donde se encuentran ciertas venas como las de azufre.

Por todo ello, el ocre es un color que se conocía ya desde la Prehistoria y la Edad Antigua, que fue utilizado en el Renacimiento y del que habla Cennini y los tratadistas posteriores con profusión. Pero, tal y como lo conocemos, en su línea comercial de material para las Bellas Artes el Ocre Amarillo es un producto de fines del siglo XVIII, aislado, fabricado y comercializado por Asier, que reservó sus mejores producciones para los artistas. Se trata de un pigmento estable y resistente a la luz. Su éxito estriba en el hecho de que no resulta tóxico. En cuanto a su uso resulta imprescindible. La versión sintética de este color no se obtuvo hasta 1920.

Como dato curioso cabe reseñar que en la famosa paleta limitada de Zorn, artista sueco, pintor y gran acuarelista de fines del XIX y principios del XX, el ocre amarillo era uno de los cuatro colores exclusivos: Ocre Amarillo, Rojo de Cadmio, Negro Marfil y Blanco. Esto lo menciono porque se considera que limitar la paleta de colores es uno de los modos más eficaces de aprender. Primero habría que empezar a pintar de forma monocromática, después con una paleta limitada como la de Zorn y, sólo cuando se ha experimentado y estudiado suficiente, se utilizarán las paletas policromáticas complejas. Expreso esto porque es común que la persona que se inicia en la acuarela de forma autodidacta se haga con una caja en la que abundan los colores, cosa que no es beneficiosa para formarse en la discriminación de valores con nuestros ojos. Si no se aprende a ver de una forma selectiva es imposible plasmar algo, sea en papel en lienzo. El soporte es lo de menos. El ojo humano es educable y, por lo general, pintará mejor una persona con el ojo adiestrado e instruido que otra que solo compra cajas de acuarela y materiales de forma compulsiva. Recomiendo a Zorn. 

Y ahora pasemos a la práctica y uso de este color en acuarela.

De todos es conocido que, una de las bases de gris en acuarela resulta de mezclar el Siena Tostada con el Azul Ultramar. Pues bien, si cambiamos el Siena Tostada por el Ocre Amarillo, nuestro gris resultará más cálido. Aquí está la muestra.

<alt="AZUL ULTRAMAR Y OCRE AMARILLO"/>
Foto 2: Formación de grises con acuarela. Azul Ultramar + Ocre Amarillo

Para oscurecer el ocre amarillo, recomiendo utilizar el negro, y de forma contenida. Sobre el oscurecimiento de los amarillos ya he hablado anteriormente. Es una de las tareas más difíciles que se le presentan al artista.

<alt="Negro y Ocre Amarillo"/>
Foto 3: Oscurecimiento del Ocre Amarillo con Negro

En cuanto a algunas mezclas que recomiendo hacer para que podáis comprobar que no todos los tonos terrosos son monótonos son las siguientes:

1.- Ocre Amarillo + Verde Esmeralda. El resultado de esta mezcla es un verde muy potente que me encanta.

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Foto 4: Acuarela. Verde Esmeralda + Ocre Amarillo

2.- Ocre Amarillo + Carmín de Alizarina. La mezcla puede ser la de ciertos melocotones, la nectarinas, algunas tierras de arcilla, acantilados, troncos de pinos, la sangre. Este color lo podemos encontrar en muchos cuadros de Gauguin en Martinica.

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Foto 5: Acuarela. Carmín de Alizarina + Ocre Amarillo

3.- Ocre Amarillo + Violeta de Cobalto. Es la mezcla más osada. Hay que saturar muy poco la mezcla, pues los dos colores tiñen bastante, pero el resultado es sorprendente, un color púrpura nada habitual.

Foto 6: Acuarela. Violeta de Cobalto + Ocre Amarillo

Al acabar de escribir este artículo, me doy cuenta de lo que da de sí un color que a veces ha sido denostado por ser terroso y no tener la vibración de los azules o los escarlatas.

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La montaña de Cézanne que Picasso amó: Sainte-Victoire.

En el verano de 2021 fui a comprobar la fascinación que Cezanne sentía por la montaña Sainte-Victoire, hechizo que llevó a Picasso a comprar parte de su ladera norte. Desde el Atelier de Cezanne en Aix en Provence, hice este boceto con acuarela, del que dejo la realidad actual de la panorámica, y dos fases. La acuarela, al final, es un medio. Se puede pintar en todas las claves artísticas con ella.   

<alt="Pintar paisaje"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
Acuarela sobre Sennelier: Macarena Márquez
 Agosto de 2021


<alt="Macuarela Pintar paisaje Fase 1"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
FASE 1 Acuarela: Macarena Márquez
 

<alt="Macuarela Pintar paisaje Fase 2"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
FASE 2 Acuarela: Macarena Márquez
 


<alt="Fotografía Macarena Márquez Mont Sainte-Victoire Aix en Provenza"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
Fotografía: Macarena Márquez
 Agosto de 2021

A partir de la última década del siglo XIX, Paul Cezanne pasará la mayor parte de su tiempo en Aix, en la Provenza francesa, lugar en donde nació. Cautivado desde niño por su lugar en el mundo, ya no saldrá de allí hasta su muerte, salvando algunos viajes. A propósito de su fascinación por este macizo provenzal, escribió a su amigo, el escultor Philippe Solari, en carta fechada el 23 de Julio de 1896: Quand on est né là-bas, c'est foutu, rien ne vous dit plus (Cuando has nacido allí, no hay nada que hacer, nada te dice más)

La montaña de Sainte-Victoire sería su fuente de inspiración, de donde brotarían numerosas composiciones. Cezanne siempre supo que lo importante de todo arte no es el motivo, sino sus variaciones, las infinitas vertientes con que se encontraba cada vez que, acatarrado, miraba con ojos de artista aquel imponente macizo de mil metros de altitud. Conocía macizos montañosos mucho más elevados, pero ése era el suyo.

Mont Sainte-Victoire. Paul Cézanne.
Date: ca. 1902–6. Medium: Oil on Canvas. Philadelphia Museum of Art.

La fascinación por esa montaña, con sus luces y sus sombras, bajo diferentes estaciones y temperaturas, sometida a alternantes grados de humedad, no fue cosa de sus últimos años de vida, en que la diabetes parece que hizo estragos modificando su talante. Ni tampoco de sus problemas. Ni siquiera fue motivada por el lógico aislamiento que requería para desarrollar su arte. Los introvertidos extraen su energía del universo interior, no del mundo exterior. Aunque no por ello es necesario que tengan sus capacidades sociales mermadas. Menciono esto porque Cezanne tenía fama de misántropo. La misantropía puede resultar un tópico, algo que se achaca a muchos artistas y que en este caso formó parte del mito. Hay algo de ello, pero no sólo en Cézanne, más bien en todos los artistas, que demandan tiempos en soledad para desarrollar su magma interior. Calificar a todos de misántropos es un recurso literario que se adecua bien a cualquier prototipo y que forja la leyenda, lo que no denota un reflejo fidedigno de la realidad artística y sus protagonistas.

Lo cierto es que, a fuerza de decepciones, Cezanne acabó convirtiéndose en aquello que decían de él. Pero sucedió al final de su vida.

Como muy bien expresó Emile Bernard, pintor postimpresionista que conoció y admiró a Cezanne en su paisaje y escenario: “fue un corazón que conoció y una naturaleza que amó. Cualquiera que sea su afecto, quizás hoy mayor por el hombre que por el artista, describiría su carácter desigual, raro, atormentado, cuyo fondo era la bondad, aunque al final la misantropía terminara por dominarlo, como ocurre generalmente con quienes solo han encontrado la malicia, el interés y la maldad en el mundo”. El texto está recogido en: Recuerdos de Cézanne y cartas inéditas. Traducción de Antonio Lastra y Raúl Miranda. Al final del artículo he reseñado una pequeña bibliografía para quien quiera ampliar sus conocimientos sobre Cezanne y su espacio geográfico, un lugar que es punto reverenciado por sus estudiosos y seguidores.

Según la semblanza recogida por Bernard, podemos decir que sí, que acabó sumido en la misantropía, pero otras personas que también lo conocieron, aseguraron que el maestro de maestros fue un hombre proclive a la charla, a la enseñanza de su sabiduría, al contacto con la gente en los cafés de Aix.

De todas estas contradicciones se deduce que todo depende de aquel que nos mira. Y también puede ser que realmente Cézanne fuera a los cafés, se tomará el café -y lo que no fuera café- con quien fuera que fuese; que, a continuación, se sumiera en su mundo; que no le importara cuanto le decían, ni lo que le contaran, mucho menos aquellos que se lo contaban. Es común para muchos artistas que mientras hablan y tratan de escuchar, están creando. Sus mentes son diferentes. El caso es que esa montaña, pintada hasta la saciedad, ya aparecía en cuadros de la primera época.

Tan sólo hay que fijarse en su obra: El Eterno femenino (1877)


Paul Cézanne (French, 1839 - 1906)
The Eternal Feminine (L'Éternel Féminin), about 1877, Oil on canvas
43.5 × 53.3 cm (17 1/8 × 21 in.), 87.PA.79
The J. Paul Getty Museum, Los Angeles

Se trata de una obra cargada de crítica social. Tenía treinta y ocho años cuando la pintó. En ella, mientras los varones del pueblo apuntan y parecen fagocitar a una mujer, un artista pinta algo sobre un lienzo.

Y ¿qué es lo que pinta ese artista? ¿Acáso pinta a la mujer?

Únicamente hay que ser un poco observador para comprobarlo.

Cezanne se ha retratado pintando su montaña predilecta. La mujer tiene la forma de la montaña, en paralelo a la forma triangular sobre ella. El pintor mira, como todos, a la mujer. Pero pinta la montaña.

El artista que no consiguió aprobar el examen para entrar en la Escuela de Bellas Artes de París no dejaría de pintarla nunca. Y en estos términos le hablaría al joven Gasquet mientras paseaban por los alrededores de Aix y se adentraban en el sortilegio de la montaña provenzal: Por mucho tiempo carecí del poder y del saber para pintar la Sainte-Victoire. Imaginaba que la sombra era cóncava, como los otros, que no miran. Mientras que, fíjese, es convexa. Huye de su centro. Es una sombra que se evapora, se fluidifica. Participa, toda azulada, en la vibración ambiente del aire. Como allí, a la derecha, en el Pilon du Roi. ¿Ve usted? Al contrario que la claridad, se mece húmeda, espejeante. Es el mar... Eso es lo que hay que expresar. Eso es lo que hay que saber. Ése es el baño de ciencia, podríamos decir, en el que hay que sumergir la placa sensible propia. Para pintar bien un paisaje, debo descubrir en primer lugar las capas geológicas y huir de todo realismo en los detalles, que sólo agrada al gusto burgués.

Cézanne llegaría a pintar su montaña hasta 80 veces.

Años después, Picasso, que amó hasta la saciedad el arte de Cézanne, le diría a Brassai: “¿Cézanne? ¡Fue mi único maestro! Sus cuadros me han acompañado durante toda la vida. He pasado años contemplando sus cuadros. He pasado años estudiándolos”.

Y ¡tanto que lo contempló, lo estudió y lo admiró! Un día llamó a Daniel-Henry Kahnweiler, su marchante a partir de 1912, y le dijo: “Me he comprado la Sainte-Victoire”.

Kahnweiler, sabiendo que Cézanne había pintado decenas de cuadros de esta montaña, le preguntó al artista: “Pero ¿Cuál de ellos?” A lo que Picasso contestó: “La de verdad”.

Picasso compró 1.100 hectáreas de monte, en la ladera norte, castillo y título de marquesado incluido: Vauvenargues. Huyendo del alboroto de Cannes, quería vivir la misma obsesión que Cezanne: Mirar su montaña, vivir su montaña, pintar su montaña, oler su montaña. Amar a los pies de su montaña. Dijo de Cezanne: “Es el padre de todos nosotros”.

Château de Vauvenargues
Vauvenargues

El más internacional de los artistas españoles sigue allí. Al pie del macizo Sainte-Victoire, enterrado en el jardín del Château de Vauvenargues. Junto a Jacqueline, su última mujer, cuarenta y ocho años menor que él, con quien se casó. Rodeado de cedros.

 

Bibliografía:

  • Gasquet, Joachim. Cézanne. Lo que vi y lo que me dijo. Gadir Editorial, S.L. 2005.
  • Bernard, Emile. Recuerdos de Cézanne y cartas inéditas. Traducción de Antonio Lastra y Raúl Miranda. Del original:  Souvenirs sur Paul Cézanne et lettres inédites. 1907.
  • Arias Serrano, Laura. Las fuentes de la historia del arte en la época contemporánea. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2012.
  • Brassaï. Conversaciones con Picasso. Aguilar, 1964.
  • Rewald, John. Cezanne. A biography. Abradale Press Harry N. Abrams, Inc. New York, 1990
  • Penrose, Roland. Picasso. Su vida y su obra. Argos Vergara. Barcelona, 1981.

 

 

<alt="Sainte-Victoire desde el atelier de Cezanne www.macuarela.com"/>
Sainte-Victoire
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Num.2.-Cómo oscurecer colores con Acuarela. Con sus complementarios. Con ejemplos.

 En el artículo anterior abordamos la difícil tarea de oscurecer colores con Acuarela, con negro y con gris. En este nuevo artículo, hablaremos de oscurecer colores con sus complementarios, y otras formas de oscurecer sin restar color a nuestras pinturas.

El oscurecimiento de colores mediante sus complementarios tiene su origen, en parte, en dos de la teorías sobre el color más conocidas.

1.- La Teoría de los Colores formulada por Goethe en 1808 (Zur Farbenlehre). Ese mismo año publicó su obra magna: Fausto, lo que nos acerca a la fuerza e importancia del genio.

Goethe, en su obra, se enfrenta a la teoría de Newton sobre el espectro de la luz y los colores, que parte de la física. Su conocimiento y aportaciones son de otro tipo y fueron leídas y asimiladas por los pintores que ejercieron su arte con posterioridad a todas estas teorías.

No puede decirse que se trate de una teoría científica, de hecho, los científicos no la acogieron bien, pero estudió factores para tener en cuenta que inciden en la percepción del color por el ojo humano. Y es aquí cuando surgen los problemas, que, al añadir a la materia y a la luz, la percepción, también entra en juego la subjetividad del receptor, su inconsciente, su experiencia y las asociaciones que se puedan generar.

2.- La Ley del Contraste Simultáneo de los Colores de 1839 (The Law of Simultaneous Colour Contrast) Esta ley fue formulada por el gran Chevreul, al que ya he mencionado en anteriores artículos por sus contribuciones.

Hasta llegar a los grandes aportes de la teoría del color y a su aplicación práctica, se oscurecía con negro de carbón orgánico o con tierra verdigris, con hueso negro o negro lámpara. A partir de las investigaciones sobre el color, se tomará conciencia de que las sombras, proyectadas o no, no son sólo un oscurecimiento o agrisamiento del color, sino algo más.

Al estudiar las telas, Chvreul comprobó que los colores no son solo lo que son, sino lo que se percibe, y también cuanto lo rodea; que, cuando no están aislados, tienden hacia el complementario del color vecino. Estos avances fueron absorbidos por pintores como Monet, o como Van Gogh, que lo utilizaron en sus cuadros. No digamos ya por los neoimpresionistas como Seurat o Signac, que, en sus yuxtapuestas pinceladas mínimas, utilizaban los complementarios.

Pero bajemos a la práctica, situémonos en nuestro papel y con nuestras acuarelas e intentemos oscurecer nuestros colores, esta vez con los colores complementarios.

 

Recordemos:

Primarios            Complementarios

Rojo                     Verde (Azul + Amarillo)

Azul                     Naranja (Amarillo + Rojo)

Amarillo              Violeta (Azul + Rojo)

 

Practiquemos:

 

Oscurecer el Amarillo con su complementario

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Oscurecimiento del Amarillo con su complementario.


En la muestra se puede observar cómo el amarillo, el color más difícil de oscurecer, ha sido ensombrecido con su complementario. El color resultante no es un amarillo propiamente dicho. Más bien es un color bronce, pero nos valdrá muy bien en los lados oscuros de las cosas amarillas. Y resultará mucho más interesante si, a continuación, se pinta la sombra proyectada con el complementario en sí, es decir, con el violeta.

 

A continuación, he seleccionado una muestra de lo que acabamos de ver llevada a la práctica. Se trata del cuadro de Van Gogh Paisaje de Nieve, pintado en Arlés en 1888.

 

Observemos cómo el genio de la pintura ha oscurecido los amarillos con su complementario, el violeta. Esto era algo impensable para los pintores barrocos. Y si alguna vez con anterioridad se ha llegado a ello, ha sido por pura casualidad, nunca por el estudio de la Teoría del Color y sus adelantos aplicados al arte pictórico. Los tonos de la muestra anterior se pueden encontrar en el lienzo sin mucho esfuerzo.

 


Vincent Van Gogh. Landscape in the snow. Arles, February 1888.
The Solomon R. Guggenheim Museum.
Vincent van Gogh, Public domain, via Wikimedia Commons.


Oscurecer el Azul con su complementario


La siguiente muestra constata el oscurecimiento del color azul a partir de aplicar una capa de naranja, su complementario. Es lo mismo que se ha realizado con el amarillo, aunque el resultado lo percibo más emocional. La brillantez del azul da paso a un color triste.

 

<alt="Oscurecer con complementarios"/>


www.macuarela.com. Oscurecimiento del Azul con su complementario.


 

La aplicación práctica de la muestra llevada a la Historia de la Pintura la tenemos en el siguiente cuadro, también de Van Gogh. Este cuadro lo pintó en el Hospital Psiquiátrico de Saint Remy y es una magistral interpretación de un grabado de Gustavo Doré, un verdadero ejercicio de azules y su complementario, en el que, mediante la confluencia y contraste de los dos colores, opuestos en la rueda de color, nos hace llegar el dramatismo de la escena.

Durante su estancia en la Provenza, Van Gogh se internaba en el Hospital Psiquiatríco de Saint-Paul-de-Mausole, en Saint-Rémy-de-Provence. Tenía una habitación propia que aun se puede visitar.  

 


Vincent Van Gogh. Prisoners Exercising. 1890. The Pushkin Museum of Fine Art. Vincent van Gogh, Public domain, via Wikimedia Commons.



Oscurecer el Rojo con su complementario

 

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Oscurecimiento del Rojo con su complementario.

 

En cuanto al rojo oscurecido con su complementario, el verde, me parece siempre, de las tres, la opción más brillante. Es muy utilizada en pintura, aunque a veces no seamos conscientes de ello. Cuando pintamos flores, tallos, jardines, tomates o rosas, esta mezcla nos dará la auténtica realidad, que no suele ser rojo puro.

Como aplicación práctica llevada a la Historia del Arte, he elegido el cuadro de Gauguin: Paisaje Tahitiano, fechado en 1891, y que se encuentra en el Minneapolis Institute of Art. Si observamos la parte central del cuadro, veremos que parte de las montañas rojas han sido oscurecidas con verdes.

Paul Gauguin. Paijsaje Tahitiano. 1891. Minneapolis Institute of Art.

https://www.discovertravelnews.com/wp-content/uploads/2020/06/PaulGauguin_paisaje-tahitiano.jpg


 

Espero que estas otras tres formas de oscurecimiento de los colores hayan servido para enriquecer vuestras acuarelas, también para que os haya hecho deparar en la evolución de la pintura, en la teoría del color y sus grandes maestros.

El reduccionismo en pintura no es aconsejable. El arte es ancho, y también largo y profundo.

 

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ENTRADAS

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