Monocromía - Cine y Acuarela: El cabo del Miedo. 1962. J.Lee Thompson.

Cine y Acuarela: El cabo del Miedo. 1962. J.Lee Thompson.

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

 

Si tuviera que reducir esta escena de la película "Cape Fear" a una frase, diría que Leavitt me dejó la luz, como si se pudiera coger con la mano. Macarena Márquez

  

Estaba viendo una serie de clásicos del cine en Filmin, en concreto una película estadounidense llamada: Cape Fear rodada en 1962. El director es J. Lee Thompson y está basada en una novela de John D. MacDonald.

La película atrapa. Es un thriller psicológico en el que el abogado, Sam Bowden, pierde la paz de su vida, cuando un criminal sale de la cárcel después de haber cumplido ocho años de condena. El criminal, Max Cady, está representado por Robert Mitchum en un papel inolvidable. La música fue dirigida y compuesta por Bernard Herrmann, quien, al año siguiente, en 1963, pondría música también a la mítica película: Los Pájaros, de Alfred Hitchcock y en 1976 a Taxi Driver. Imposible no recordar: The Main Theme, de Taxi Driver.

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De la película Cape Fear. J. Lee Thompson. Acuarela: Macarena Márquez

El Cabo del Miedo, Cape Fear, fue llevada posteriormente al cine por Martin Scorsese en 1991. En la versión de Scorsese, el papel de Max Cady lo inmortalizaría Robert de Niro, aunque prefiero el estilo Mitchum.

Pero volvamos a la versión de 1962, en blanco y negro. Aunque está considerada como un clásico, hay críticos de cine que no le dan la excelencia absoluta, salvo a la actuación de Robert Mitchum, que mantiene en tensión al espectador desde que entra en juego. La fotografía, en blanco y negro, fue lo que a mí más me llamó la atención de esta película. Los contrastes, poderosos, sin grandes matices, con claroscuros en bloque que parecen sacados del barroco italiano más grandilocuente, me tenían con los ojos bien abiertos a lo largo de toda la película.

El director de fotografía, Sam Leavitt, utiliza en esta película luces de alto rendimiento, lo que produce contrastes sin tregua. El efecto de oscuridad lo obtiene a base de mucha luz. Todo ello se basa en el principio de que no hay luz sin sombra. Lo mismo sucede cuando pintamos. Si esbozamos una figura en la arena cuya sombra proyectada apenas produce contraste, es que el sol no irradia luz de mediodía, ni de estío. O que, simplemente, está nublado. Cuando el sol es nítido y abrasa, la sombra que proyectan los cuerpos es muy oscura. Esos contrastes de alto voltaje utilizados por Leavitt contribuyen a algunos ambientes de sobresalto, de miedo.

Y no digamos ya con las escenas de exterior. El claroscuro es de tal potencia, que tuve que parar la película varias veces para poder deleitarme. Me dejó tan fascinada esta escena de exterior, que la reproduje con acuarela, algo distorsionada en los personajes, pero con la misma vibración de luz que el efecto de Leavitt produjo en mí.

Decidí trabajar en monocromo. Podía haber traducido a colores. Pero ya no hubiera tenido el mismo efectismo.

Material empleado:

Cuaderno de bocetos: Algodón 100% 21,5X21,5. 300 g/m2

Acuarelas de tubo: Azul Ultramar

Tinta china: Azul Ultramar

Pinceles:

Redondos del 2, 4, 6 y 18

Plano del 10

Roller Pen de Tinta Líquida resistentes al agua:

        Signo. Pigment Ink White. Mitsubishi Pencil. Co. Ltd.

Roller Pen water and fade proof. Pigment Ink

        Uni Pin Fine Line 0.4    

Lápiz: Portaminas 2HB

Goma de borrar de miga de pan


La falta de sutilidad en los matices, la ausencia de valores medios en el tono, contribuyen a ese efecto de calor sin humedad, de luz de verano vibrante. Me encanta esa época, los sweter de rayas, los zapatos blancos, la estética de los sesenta. Le pasa a mucha gente, y es porque somos muchos los nacidos en esa década.

Las primeras imágenes, la moda, las fotos, el cine, la música, todo lo que entra por nuestros sentidos en los primeros años de nuestra vida es de un valor inconmensurable, que a veces no sabemos descifrar, al menos no hasta que somos adultos y ciertas imágenes nos devuelven lo que algún día nos deleitó sin palabras. Quizá esto se produce porque en los primeros años de vida sólo tenemos capacidad para percibir, para dejarnos impactar por el mundo circundante, sin explicaciones, sin raciocinios ni metáforas, sin definiciones.

Después vino el color. Y para eso tenemos toda la paleta y su combinatoria. Pero trabajar en monocromo tiene sus atractivos, porque la sensación al ver esa película, la luz que te queda, racional y sin artificios, no puede ni debe ser traducida al mundo technicolor. Reducir la realidad a un solo color tiene un valor de síntesis, de concretar la luz y sus efectos. 

Si tuviera que reducir esta escena a una frase, diría que Leavitt me dejó la luz, como si se pudiera coger con la mano.

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El efecto Google Earth y la moda de pintar desde arriba

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

 

Gracias a Google Earth.

Y al esfuerzo colectivo que nos ha hecho llegar aquí.

 

Material empleado para realizar esta acuarela:

Cuaderno de bocetos: FONTAINE. Aquarelle. Watercolour. Papier Noir, negro. Algodón 100% 12x18. 300 g/m2


Acuarelas en pastilla


Pinceles:

Redondos del 2, 4, 6 y 18

Plano del 10


Roller Pen de Tinta Líquida resistentes al agua:

        Signo. Pigment Ink White. Mitsubishi Pencil. Co. Ltd.


Roller Pen water and fade proof. Pigment Ink

        Uni Pin Fine Line 0.4    


Rotuladores de Acuarela – Aqua Brush duo

        Color Light Blue


Lápiz: Portaminas 2HB


Goma de borrar de miga de pan

 

 

El final de la maravillosa película que se llama Google Earth, programa que cualquiera puede instalarse en su ordenador, empieza en el origen de la fotografía aérea. Dicha fotografía, como tantas otras cosas, nace por la necesidad estratégica militar de conocer mapas, terrenos y bases en donde establecerse. Con todo, quien ha pasado a la historia por concretar este hecho de tomar fotografías desde lo alto es Gaspar Felix Tournachon, más conocido como Nadar. Cuando él nació en Paris en 1820, ese deseo estaba en el magma de los deseos del imaginario colectivo, pero como suele ocurrir, fue este aeronauta, periodista y grandísimo fotógrafo, quien lo llevó a cabo.

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El efecto Google Earth en el Arte - Macarena Márquez

A los 38 años Nadar se embarcó en El Gigante, un globo aerostático desde el que tomó sus primeras fotos aéreas, de las que únicamente nos quedan las crónicas. Su fama fue notable. A su estudio de la Rue des Capuchines iba la más alta sociedad parisina a dejarse inmortalizar. Nadar fue un gran amigo del pintor Manet, pero también de Julio Verne, quien dejó una semblanza de él en el personaje Miguel Ardan, aventurero francés, protagonista en la famosa serie: Viajes Extraordinarios. Miguel Ardan parece responder a la persona de Gaspar Felix Tournachon: Nadar.

Para comprender el alcance de este punto de vista desde arriba y llevarlo a la materia que nos centra, y de lo que trata este blog de acuarela, hay que decir que las fotos de Nadar tuvieron influencia en Manet, y como en Manet, en el resto de impresionistas, que empezaron a utilizar perspectivas diferentes a la más clásica frontal, uno de cuyos exponentes máximos sería La Cena de Leonardo.

Pero no sólo fue este descubrimiento ejercido desde globo aerostático el que contribuyó al cambio de perspectivas. También tiene que ver la renuncia a la visión real en tres dimensiones que ejercieron pintores como el gran Cezanne o Gauguin. Gauguin y los pintores postimpresionistas fueron  aficionados a la pintura japonesa. Conocían la obra de Katsushika Hokusai, autor de: La gran ola de Kanagawa. También de otros autores, cuyas estampas llegaron a Paris a mediados de siglo XIX. El arte japonés se difundió a través de las Exposiciones Universales de la época, como la de París de 1867. 

La llamada “perspectiva japonesa” muestra la realidad de otra forma, con un punto de vista desde arriba que, hasta entonces, no había calado del todo en la Historia del Arte europea. Pongo como ejemplo una preciosa pintura de Utagawa Hiroshige: El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina para comprender la importancia de esta influencia. Esta obra, realizada con técnica xilográfica, que se puede contemplar en el Museo Brooklyn de Nueva York, fue realizada en 1857. Su calado fue tan importante que Vincent Van Gogh la copió en 1887 bajo el título: Puente bajo la lluvia.

 El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina. Autor: Utagawa Hiroshige. 1857.
Museo Brooklyn. Nueva York. 

Como se puede observar en la imagen, la perspectiva isométrica utilizada por los japoneses no tenía en cuenta el punto de fuga y el infinito de líneas que se estrechan hacia el fondo. Es una perspectiva en la que las paralelas se mantienen equidistantes, lo que quiere decir que, si tomamos como ejemplo unas vías de tren que se alejan hacia el fondo, la perspectiva clásica occidental las pintaría con los raíles en triangulo, más cercanos entre ellos cuanto más al fondo, para simular lejanía. Además, cuando utiliza la visión elevada, el occidental aminorará las figuras cuanto más lejos se hagan las tomas. La razón estriba en el principio de tridimensionalidad universal llevado a la bidimensionalidad del papel o soporte sobre el que se trabaja. En cambio, con el punto de vista japonés, eso se hará, o no. Hay veces en que los artistas japoneses reflejan la realidad desde arriba sin tener en cuenta aminorar las figuras para simular que están lejos del espectador.

Todo esto lo digo porque en el momento presente existe fascinación generalizada por las composiciones desde arriba, me incluyo aquí porque considero este punto de vista el más artístico de todos. Pero esto no es una invención del siglo XXI. Estamos en el final de un desarrollo en el que intervienen, como vemos, múltiples factores. Ahora vemos con naturalidad el mundo desde arriba. Es el punto de vista divino, y a todos nos seduce. Pero no hay que olvidar la progresión de todo esto.

El gran fotógrafo Nadar hacía tomas desde su globo sobre los cielos de Paris y sus entornos. Ahora se hacen desde un avión, desde helicópteros o drones, y, si nos vamos más arriba, desde naves espaciales y satélites. Cada vez vamos siendo más pequeños.

No olvidemos en todo este desarrollo, que culmina en una moda maravillosa – el universo Internet está plagado de pinturas con punto de vista desde arriba -, el esfuerzo colectivo y el influjo de unas culturas en otras, unas formas de ver y plasmar la realidad diferentes que se van incardinando hasta llegar al cubismo y estilos posteriores.

Para comprender por qué pintamos así, hay que tener presente esa evolución de perspectivas, el cambio en los puntos de fuga y en los puntos de mira traspasados al mundo del arte. Para llegar a esta corriente, en la que están nuestras pequeñas obras, hay todo un recorrido en el que se han embarcado muchas personas, artistas o ingenieros, fotógrafos o militares, pilotos. Todos ellos tuvieron antes que nosotros la audacia de sobrevolarnos. Empezando por las necesidades militares, siguiendo por Nadar y su globo: El Gigante, continuando con los japoneses y su modo de plasmar la realidad desde arriba, con Manet y Cezanne, a quienes les gustaba esa forma de mirar y que la hicieron suya, con Gauguin que supo plasmarla a la perfección, con Van Gogh que la copió, e incluso la mejoró, con el personaje de Heidi de los dibujos animados corriendo por los Alpes solo con su cabeza y un minúsculo atisbo de sus pies, con Amenábar reduciendo la refinada sociedad de Alejandría, y a Hipatia, a un grupo de hormigas vistas desde Marte, y aun más allá, con el esfuerzo aeroespacial que hoy nos devuelve el mundo en miniatura. Terminando este desarrollo -o quizá comenzando una nueva entrega- está Google Earth, que resume, focaliza desde arriba y sintetiza el planeta, que nos ofrece los ojos de Dios, que todo lo ven. Desde arriba. Tal y como ahora nos gusta pintar.

Aquí os dejo esta “acuarelita”.  He utilizado rotuladores de acuarela de doble punta y también acuarela en pastilla. Mi dron solo alcanza 60 centímetros. Son mi cuaderno y mis brazos. Como mucho.

La playa me gusta de todas formas. También desde arriba.

 

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