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Qué es un Sketchbook

 El Sketchbook, o cuaderno de bocetos, es un bloc que lleva el artista o aficionado cuando sale del estudio. Tiene alguna característica básica. Aunque los hay de muchos modelos y calidades, lo idóneo es que tenga tapa dura.

Cuando estamos en la calle o en medio de la naturaleza no hay mesa. Debemos poder apoyar sin que se nos arrugue el papel. Por otro lado, dependiendo si vamos a dibujar o a pintar con acuarela, necesitaremos un tipo de papel de mayor o menor gramaje. Si vamos a hacer apuntes, elegiremos un papel de grano más fino y menor gramaje, pero en cuanto entra en juego el agua, hay que ir subiendo el gramaje y la calidad. El papel deberá tener mayor consistencia. Si es posible libre de ácidos para que resista mejor el paso del tiempo, que es lo que yo quiero.

<alt="Sketchbook Malasaña Madrid"/>
Sketchbook - Madrid - Malasaña
Macarena Márquez Jurado
www.macuarela.com

Hay veces en que pintamos sentados sobre una piedra, en la arena de la playa o la tumbona, sobre una silla plegable, en un poyete o banco. Nuestra mesa normalmente son nuestras piernas, por eso la tapa dura del cuaderno es fundamental. También es posible que queramos pintar desde arriba, o que no nos podamos sentar. Entonces nos pondremos de pie, cogeremos el cuaderno con una mano, a modo de atrio, y pintaremos o dibujaremos con la que queda libre.

Hay sketchbook con forma panorámica, horizontal, que son los que mejor se adaptan para ciertos paisajes de campo o marítimos, aunque en ocasiones, como la que ilustra este artículo, me gustan los tamaños algo más cuadrados, de modo que quede papel suficiente para poder escribir.

El sketchbook no sirve sólo para plasmar espacios, imágenes o el mundo que nos rodea, para el artista todo es motivo de creación. Hay artistas plásticos, o aficionados, a los que no sólo nos gusta la imagen, sino también la palabra. Para ello, la elección de nuestro cuaderno de bocetos será fundamental. Soy escritora.

En los ratos de tranquilidad, en vacaciones o cuando salimos intencionadamente a pintar al exterior, muchas veces nos sobrevienen ideas. Puede ser una frase sin mucho sentido, una reflexión, la descripción personal de una imagen. Todo quedará reflejado en nuestro diario plástico.

<alt="Malasaña Madrid Calle del Espíritu Santo"/>
Sketchbook - Madrid - Malasaña
Macarena Márquez Jurado
Texto. Pag. Izquierda

Iba de paseo por Malasaña, bajaba por la calle Espíritu Santo, al llegar a la de Santa Lucía me encontré con este esquinazo. Ahí paré. Se acababa de disparar la creatividad. Era un edificio azul sobre un cielo azul de los intensos. Abajo estaba anocheciendo. Arriba aún era de día. Un verdadero lío de luces y de azules.

No había banco. No había silla. Así que esbocé de pie, abriendo las líneas hacia arriba, exagerando la inclinación para reflejar mi situación de calle. Tuve que hacer un esfuerzo para comprender qué era más azul, el cielo, el edificio, o la atmósfera de la calle, a donde la luz ya casi no llegaba. Eso de que abajo sea casi de noche y arriba aún de día es algo que me encanta y que se da en las ciudades. 

Fijé la luz y los colores in situ, con pinceles de agua que llevo cargados, y escribí con un rotulador metálico. 

<alt="Pincel con cargador"/>
Pincel con cargador

Rotulador Metálico Staedtler

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Fijé la luz y los colores, ese momento. Rematé líneas ya en casa. Me quedé sin luz. Ni abajo, ni arriba.

<alt="Urban Sketch Madrid"/>
Sketchbook - Madrid - Malasaña
Macarena Márquez Jurado
Página derecha


Pero la luz se ha quedado en el cuaderno. Se trata de otra luz y otros colores que los que aporta una o un millón de esas fotografías de las que llenan de bytes nuestros teléfonos. La fotografía es un arte que también me encanta y que me ayuda a la hora de enfocar o de llevarme paisajes cuando no voy con cuaderno. Esto es otra cosa.

<alt="Calle Espiritu Santo Madrid Acuarela"/>
Sketchbook - Madrid - Malasaña
Macarena Márquez Jurado
Detalle

Sinceramente, si solo hubiera disparado veinte fotos, que es lo que solemos hacer, esas fotos hubieran caído en el olvido porque casi todas las esquinas de mi ciudad, Madrid, tienen vida, arte, más vida, energía. No pararía de fotografiarla. Pero eso no es lo que quiero. Sobran fotografías rápidas. Y faltan instantes o luces detenidas. 


Hablamos de slow life, slow travel o slow cooking. Empecemos a hablar de slow art.

Esta esquina en concreto no se me va a olvidar nunca, porque, además, no quiero hacerlo. No sé de quien será este cuaderno cuando ya no esté en el planeta. Quien quiera que sea, no tendría la foto, y tampoco ese punto de vista parado en el tiempo en el que algún día yo estuve. Espero despertar la curiosidad de esa persona que lo herede y que se dé el paseo por Malasaña en busca de la casa. A lo mejor pintan las fachadas de otro color. También espero que no lo hagan, porque es preciosa así, y supone un alegre reto contra los azules de los cielos madrileños, esos de los que nunca quiero alejarme y a los que siempre echo de menos cuando no estoy.

El sketchbook es cuadrado, de 19 x 19 cms. y gran calidad: 300 g/m2, 100% algodón, libre de ácidos. Está encuadernado con las tapas de piel sintética, es de la marca Viviva. Y en honor a la marca, espero que viva. Ahí quedará.

Así quedó al completo:

Sketchbook - Madrid - Malasaña
Macarena Márquez Jurado
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En otro artículo hablaré de otros cuadernos de bocetos, de otros bocetos que nada tienen que ver con los paisajes, otras experiencias.

 

Macarena Márquez Jurado

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Rotuladores acuarelables. Water Colour Marker.

 © Macarena Márquez Jurado

En este artículo se explica cómo utilizar los rotuladores acuarelables. Para ello se utilizan ejemplos claros de modo que, cada uno pueda elegir cuándo o cómo utilizarlos; saber, si quiere incorporar todos, algunos o ninguno a su maletín de acuarelista.


Lo primero que quiero expresar es que, cuando nos disponemos a llevar a cabo una acuarela, no siempre nos tenemos que ceñir a un solo material. Imaginemos que iniciamos un boceto sobre papel. Podemos utilizar solo un tipo de acuarela en toda nuestra composición, o mezclar varios tipos. Voy unos días a la montaña, en concreto a una estación de esquí. Pinto varios bocetos de personas en movimiento sobre fondo nevado y diferentes cielos. Puedo utilizar acuarela en tubo para la figura y decidir pintar el cielo con rotulador acuarelable.

Para tomar estas sencillas decisiones del día a día de cualquier pintor, antes hay que conocer materiales y hacer pruebas con ellos.


<alt="Rotuladores Acuarelables para bocetos"/>
Figura 1
Esquiador. Rotuladores Acuarelables.
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Teoría sobre cada material hay mucha, y es muy importante. No me voy a cansar nunca de decir que el que no conoce materiales y texturas, quien no experimenta con ellos, difícilmente puede crear algo diferente, innovar, o sencillamente dar forma a lo que hay en su mente. Eso no quiere decir que tengamos que utilizar todo cada vez que pintamos. La creación de materiales nuevos avanza a un ritmo tan vertiginoso como toda la industria planetaria. Debemos probar lo que se innova o se recrea, al menos algunos elementos, siempre en la medida de nuestras necesidades. Al experimentar con lo novedoso, puede que nos enamoremos de algo y añadamos ese material a nuestra mochila de acuarelista.

A mí me sucedió con los Rotuladores Acuarelables para pintar ciertos cielos. Y lo tengo incorporado a mi maletín cuando voy de viaje o salgo al exterior.


El nivel de pigmentación de estos water colourmarker es alto como se puede observar en la figura 2. En este caso, para pintar un boceto rápido en el que el suelo es nieve, es el propio pigmento azul el que marca la línea de horizonte de la nieve.

<alt="Cielos con acuarela"/>
Figura 2
Detalle cielo. Rotuladores Acuarelables.


Yo utilizo un set de 6 de la marca Winsor&Newton para superficies medianas o  grandes, sin olvidar otras marcas de las que hablaré en otro momento. Es cómodo de llevar, viene en una caja que me recuerda algunas vintage que hicieron historia. Son estos. A continuación dejo explicado cómo los utilizo.


Set de 6 Rotuladores Acuarelables  Winsor - Newton


Tienen dos puntas, una que se puede utilizar como pincel directamente, y otra para remarcar, o delinear. Estamos hablando de un material inteligente. Para no dudar, para no machacar las puntas, los tapones están diseñados ad hoc. Esto es, tanto la punta a pincel como la fina están diseñadas para que las podamos distinguir y no machacar, una es con forma apuntada -la fina- y la otra es de base plana - el pincel -.  


Rotulador Acuarelable Winsor - Newton
Dos Tipos de Punta
Diseño inteligente con dos tipos de Tapón para no confundir
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Hay varias formas de utilización. 

Imaginemos que salimos a pintar al aire libre, es muy cómodo llevarlos. No ocupan, son rotuladores. Podemos llevar nuestro pequeño bote de agua y aplicarlos de múltiples formas.

Rotulador Acuarelable Winsor - Newton
Formas de utilización
1- Rotulador directamente sin agua
2- 1º Rotulador y después aplicar agua
3- 1º Agua y después aplicar rotulador

La primera, directamente pinto sobre una lámina plástica y añado agua. Con esa mezcla pinto en mi cuaderno de bocetos. La segunda, pinto directamente sobre mi cuaderno de bocetos y después añado agua, a todo o a algunas partes de la composición. Y la tercera, doy una pincelada de agua en mi cuaderno y después pinto con el rotulador azul, sin ejercer excesiva presión sobre el papel.


Personalmente me gusta esta tercera forma, y es la que he aplicado en el cielo de este boceto. Dibujé la línea de horizonte. Apliqué agua con el pincel sobre el cielo, y después, con la punta gruesa del rotulador, sobre húmedo, describí varios trazos. Lo dejé actuar. Y este es el resultado.

Esa es la magia, experimentar. Nunca se sabe del todo qué va a suceder cuando lo que pintemos esté seco. Hay que probar mucho y dejar hacer a nuestros materiales. En este caso he trabajado sobre un papel nada poroso de grano fino, un cuaderno de bocetos.

Aquí dejo una muestra de lo que explico. Particularmente me gusta más aplicar antes el agua, pero todo es cuestión de gustos y depende no solo del momento y circunstancia, sino también del objeto de nuestra acuarela. En trabajos de ilustración o diseño, casi siempre utilizaré el rotulador acuarelable directamente sobre el papel. 

En cuanto a las firmas, en este caso he utilizado un rotulador metálico dorado. Me encantan. Como siempre digo, la firma es parte de nuestro dibujo, es un dibujo que forma parte de nuestro dibujo valga la redundancia. Es pintura. Además, es composición siempre que así lo deseemos. En este caso he puesto a esquiar las letras. Ese juego creativo es algo que recomiendo.  

Figura 4
Detalle Firma. Rotuladores Acuarelables.
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Se me olvidaba algo. Por tratarse de tintas al agua, no tenemos esa sensación de olor poderoso de los rotuladores de tinta permanente. Estos últimos también me encantan, pero para otras cosas, y, además, esto es un blog de acuarela.

 

 

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Cómo pintar un RETRATO en clave FAUVISTA en 3 pasos

 © Macarena Márquez Jurado

Pintar un retrato en clave fauvista es entrar en otra dimensión, ser libre para retratar a una persona en todos sus planos y universos, sin ceñirse a la realidad visual y sin que deje por ello de ser dicha persona.

<alt="Pintar retrato paso a paso"/>
Cómo pintar un retrato en clave fauvista
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Retrato de Dolly Martín White


Material Utilizado:

·         Papel de grano fino, 300 gr/m2. 

·         Acuarelas líquidas

·         Témpera

 

Para comprender los fundamentos de este movimiento, que siempre me ha seducido, os remito al artículo:  Fauvismo. Lo FAUVE en Acuarela. Allí están las claves para agrandar nuestra percepción a la hora de ponernos frente a un paisaje o retrato de Matisse, por ejemplo. En este artículo me quiero detener, no en el movimiento fauvista en sí, sino en expresar de forma descriptiva – con imágenes y palabras - la fuerza que confiere liberarse del dibujo y de todos los cánones aprendidos para adentrarnos en lo que el artista intuye. Es el pintor el que expresa según el motivo que ve, lo que ve o a quien ve. Y hay diferentes claves o estilos para hacerlo. Dichos estilos, los cánones o las claves, son vehículos de expresión. Mientras mejor los conozcamos y los apliquemos, más cerca estaremos de aportar algo. Hay veces en que es mejor no expresar. Cuando la realidad nos supera, si la reflejamos de forma deficiente o sin hacer aportación alguna, resulta mejor seguir aprendiendo antes de conformarnos y colgar nuestra obra en el salón de nuestra casa. Claro que lo podemos hacer, pero eso no es arte. A veces es mejor una pared vacía.

Hay personas que expresan mucho sin herramientas ni horas de estudio. Por otro lado, hay quienes ejecutan con gran virtuosismo, que tienen todas las herramientas y conocimientos, pero que no expresan nada. Con todo, ni lo uno ni lo otro es lo común, estos ejemplos marcarían los dos extremos. En cuanto a los estilos, unos se adaptarán mejor que otros a nuestra forma de conocimiento del mundo, aunque no son excluyentes. El artista puede expresar a través de vehículos o estilos diferentes y no siempre tiene que utilizar la misma línea en la práctica.

Con esta liberación de todo el aprendizaje académico que propongo en este artículo, no quiero decir que no sea necesario saber dibujar o pintar. No es eso. Hay personas que piensan que pueden pintar maravillosamente sin saber. Y eso solo sucede cuando el genio supera a todo lo aprendido y solucionado a lo largo de la Historia del Arte por los pintores y artistas. Paolo Uccello, uno de los artífices del invento de la perspectiva, no dormía estudiando la forma de colocar las lanzas de sus cuadros en el suelo de forma que parecieran oblicuas al espectador. Oblicuas: esa dificultad superada por los artistas del Renacimiento. Ahora nos parece muy fácil traspasar a las dos dimensiones de nuestro papel la tercera dimensión, el profundo, en el Quattrocento no. El hombre medieval aun no sabía pintar con perspectiva. Dicho invento, comprender cómo se podía plasmar el volumen de un ser humano en un soporte plano, fue la gran revolución y uno de los grandes aportes de los artistas del Renacimiento a la Historia de la Pintura. También fue precisamente esta contribución la que nos llevó a querer plasmar la realidad cada vez de una forma más fidedigna, más real, hasta llegar a lo fotográfico. En ese bagaje, los artistas perdieron muchas veces fuerza, el estro artístico, la esencia. Esto no siempre reside en la realidad y su fidedigna plasmación, sino en una meta realidad que no todos pueden aislar o percibir, y mucho menos plasmar. Del mismo modo, no todo el mundo es capaz de aislar un elemento en una probeta, o de obtener el pigmento de la falla de la mina.

Dicen que solo el arquitecto que sabe y conoce puede derribar el edificio. Lo hemos podido ver en algunos casos en que un rascacielos ha ardido y ha sido el arquitecto quien ha tenido que dar las pautas para acabar de derribarlo. Es una metáfora. Después, han podido pasar varias cosas, o que se construya un nuevo edificio o que no se construya nada. Pero si se construye de nuevo, esta nueva construcción puede ser diferente. Y el espacio sigue siendo el mismo.

Lo mismo puede suceder en pintura. Se puede retratar a una persona con realismo, con hiperrealismo, con pintura, escultura, arquitectura o con una cámara de fotos. Pero también se puede intentar captar a esa persona derribando todas las pautas aprendidas, como el arquitecto del que hablaba, para reflejar una meta realidad, que solo es alcanzable a partir de estilos que no abordan al retratado con las claves clásicas. El fauvismo es uno de los estilos artísticos que considero más libres para el retrato. Hablo de ese retrato que no pierde la base del retratado, algún punto de parecido con la realidad, de una meta realidad que aun conecta con lo descriptivo. Por supuesto que existen otras formas, otros caminos, estilos artísticos. Pero en este artículo he querido hablar de éste.

Desde esta libertad de ejecución, he pintado este retrato, que en realidad es un metaretrato fauvista.

He utilizado tres de las muchas claves de este tipo de pintura. Son las siguientes. Te animo a seguirlas, que emprendas un retrato con estas pautas, libre, y que compruebes el resultado:

1.- Hay que Liberarse de todo lo aprendido. Aunque digo liberarse, no quiero decir no conocer o no haber aprendido. Para pintar bien es necesario saber. En ocasiones es necesario saber y olvidar, aunque sea momentáneamente. Para deconstruir es necesario saber construir. Para derribar su edificio el arquitecto ha sabido levantarlo previamente. Tanto si sabes mucho como si sabes poco, haz la prueba. Libérate de ello y ponte frente a la persona que quieres retratar, frente a ella o frente a una foto. No para copiarla. Es algo más profundo. Inténtalo hasta conseguirlo. La persona ¿es rubia y de grandes ojos azules con pestañas larguísimas y mirada profunda? Olvida todo y quédate con la mirada profunda. A ver cómo se pinta eso.

<alt="Pintar retrato paso a paso. 1"/>







Retrato Fauve con Acuarela: Hexágono inferior izquierdo. El ojo no es un ojo, la nariz no es una nariz, la frente no es una frente, la ceja no es una ceja. Pero lo son.

2.- Es el color el que dibuja y no la línea. Piensa en ello antes de abordar tu retrato. El valor es el color. Y son colores planos. A través de las masas planas de color se puede obtener volumen. Rosas. Verdes. Haz la prueba.

<alt="Pintar retrato paso a paso. 2"/>

3.- No hay más lejos o más cerca, no hay perspectiva atmosférica, aquella que aprendimos por la cual, dicho de una forma simplista, mientras más lejos está un cuerpo hay que pintarlo más claro. La única profundidad en este tipo de pintura es el color. La luz no proyecta sombras. No hay degradación tonal producida por el grado de humedad o la temperatura. No hay distancias.


<alt="Pintar retrato paso a paso. 3"/>



 




Te animo a que pruebes. Pinta un retrato con estas tres claves. No busques parecido con la realidad, el parecido que se encuentra es de otro tipo. Investiga. Experimenta. Da un salto y comprueba tú mismo lo que hay.

Nota 1: Para comprender la pasión por la perspectiva generada en los pintores del Quattrocento, recomiendo el precioso relato de Marcel Schwob: Paolo Uccello: Pintor.

 

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EL OCRE AMARILLO

En este artículo se explica todo sobre el color OCRE AMARILLO: Su evolución a lo largo de la Historia del Arte. Su uso en Acuarela con ejemplos prácticos.


Índice Internacional de los Colores.

Nombre y número IC:  PY43

Color: Ocre Amarillo

Descripción Química: Óxido de Hierro amarillo natural

 © Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

 

Para empezar a hablar de este color, básico en cualquier paleta de artista, vuelvo a regresar a la Provenza francesa, de la que últimamente no salgo. Este color, ya en su vertiente de producto de Bellas Artes, fue extraído de los acantilados de Rosellón (Les Ocres) a fines del siglo XVIII. El artífice fue Jean Étienne Asier, que no dejó pasar desapercibido el hecho de vivir en uno de los depósitos de ocre más importantes del planeta, Rosellón, lugar en donde todo es ocre, las fachadas, los caminos, los acantilados, incluso la atmósfera cuando se pone el sol en verano y a uno le parece estar viviendo inmerso en una visión filtrada de este color.


<alt="Color Ocre Amarillo"/>

Foto 1: El Ocre Amarillo www.macuarela.com
1-2 y 3: Acuarela en pastilla. 4: Acuarela en Tubo. 5: Acuarela líquida.


Asier fue el primero en separar el tinte ocre de la arena de los acantilados, aislando el pigmento. Desde allí, lo transportó a Marsella, y desde el puerto de Marsella lo comercializó. Primero lo dio a conocer en Europa y a continuación en el resto del mundo. Fue un negocio floreciente a pesar de que produjo el descontento de los vecinos de Rosellón, que protestaron porque la arena y polvo desechado, una vez aislado el pigmento, se empezó a acumular en su calles, por lo que, cada vez que se levantaba el viento, la transparencia atmosférica a la que estaban acostumbrados se emborronaba. Asier tuvo que enviar los depósitos de desecho fuera del núcleo poblacional.

Actualmente se puede caminar por el llamado Sendero del Ocre, una ruta inevitable e inspiradora para cualquier amante de los colores y que, siendo turística, se sale un poco de los circuitos más renombrados. Se trata de una inmersión en un color concreto, zambullida en un océano en el que todo es ocre y que da paso al entendimiento profundo de muchos de los cuadros del grupo de pintores que trabajaron la luz de Provenza, Gauguin, Van Gogh, Cezanne, Picasso etc. Sin este paseo conoceremos la obra de estos pintores, claramente, pero no del mismo modo.  

En cuanto a la historia del ocre se remonta al Paleolítico. Es uno de los colores fundamentales, y casi exclusivos, del arte rupestre. Pero también se utilizó a lo largo de toda la Historia del Arte, en el arte egipcio, griego y romano. Plinio y Vitrubio ya hablaron de su uso, aunque quien teorizó en lo que se puede considerar el primer tratado moderno de pintura fue Cennino Cennini. Lo hizo en El Libro del Arte, del que ya hemos hablado en otros artículos relativos a esta historia y uso de los colores. Para una mayor profundización en la historia de los ocres y amarillos, recomiendo el artículo: El Amarillo de Cadmio.

Sobre el Ocre, Cennini nos dice en su tratado: Es amarillo cierto color natural que se llama ocre. Este color se encuentra en tierra de montaña, allí donde se encuentran ciertas venas como las de azufre.

Por todo ello, el ocre es un color que se conocía ya desde la Prehistoria y la Edad Antigua, que fue utilizado en el Renacimiento y del que habla Cennini y los tratadistas posteriores con profusión. Pero, tal y como lo conocemos, en su línea comercial de material para las Bellas Artes el Ocre Amarillo es un producto de fines del siglo XVIII, aislado, fabricado y comercializado por Asier, que reservó sus mejores producciones para los artistas. Se trata de un pigmento estable y resistente a la luz. Su éxito estriba en el hecho de que no resulta tóxico. En cuanto a su uso resulta imprescindible. La versión sintética de este color no se obtuvo hasta 1920.

Como dato curioso cabe reseñar que en la famosa paleta limitada de Zorn, artista sueco, pintor y gran acuarelista de fines del XIX y principios del XX, el ocre amarillo era uno de los cuatro colores exclusivos: Ocre Amarillo, Rojo de Cadmio, Negro Marfil y Blanco. Esto lo menciono porque se considera que limitar la paleta de colores es uno de los modos más eficaces de aprender. Primero habría que empezar a pintar de forma monocromática, después con una paleta limitada como la de Zorn y, sólo cuando se ha experimentado y estudiado suficiente, se utilizarán las paletas policromáticas complejas. Expreso esto porque es común que la persona que se inicia en la acuarela de forma autodidacta se haga con una caja en la que abundan los colores, cosa que no es beneficiosa para formarse en la discriminación de valores con nuestros ojos. Si no se aprende a ver de una forma selectiva es imposible plasmar algo, sea en papel en lienzo. El soporte es lo de menos. El ojo humano es educable y, por lo general, pintará mejor una persona con el ojo adiestrado e instruido que otra que solo compra cajas de acuarela y materiales de forma compulsiva. Recomiendo a Zorn. 

Y ahora pasemos a la práctica y uso de este color en acuarela.

De todos es conocido que, una de las bases de gris en acuarela resulta de mezclar el Siena Tostada con el Azul Ultramar. Pues bien, si cambiamos el Siena Tostada por el Ocre Amarillo, nuestro gris resultará más cálido. Aquí está la muestra.

<alt="AZUL ULTRAMAR Y OCRE AMARILLO"/>
Foto 2: Formación de grises con acuarela. Azul Ultramar + Ocre Amarillo

Para oscurecer el ocre amarillo, recomiendo utilizar el negro, y de forma contenida. Sobre el oscurecimiento de los amarillos ya he hablado anteriormente. Es una de las tareas más difíciles que se le presentan al artista.

<alt="Negro y Ocre Amarillo"/>
Foto 3: Oscurecimiento del Ocre Amarillo con Negro

En cuanto a algunas mezclas que recomiendo hacer para que podáis comprobar que no todos los tonos terrosos son monótonos son las siguientes:

1.- Ocre Amarillo + Verde Esmeralda. El resultado de esta mezcla es un verde muy potente que me encanta.

<alt="Macuarela"/>
Foto 4: Acuarela. Verde Esmeralda + Ocre Amarillo

2.- Ocre Amarillo + Carmín de Alizarina. La mezcla puede ser la de ciertos melocotones, la nectarinas, algunas tierras de arcilla, acantilados, troncos de pinos, la sangre. Este color lo podemos encontrar en muchos cuadros de Gauguin en Martinica.

<alt="Color Carmín y Ocre"/>
Foto 5: Acuarela. Carmín de Alizarina + Ocre Amarillo

3.- Ocre Amarillo + Violeta de Cobalto. Es la mezcla más osada. Hay que saturar muy poco la mezcla, pues los dos colores tiñen bastante, pero el resultado es sorprendente, un color púrpura nada habitual.

Foto 6: Acuarela. Violeta de Cobalto + Ocre Amarillo

Al acabar de escribir este artículo, me doy cuenta de lo que da de sí un color que a veces ha sido denostado por ser terroso y no tener la vibración de los azules o los escarlatas.

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La montaña de Cézanne que Picasso amó: Sainte-Victoire.

En el verano de 2021 fui a comprobar la fascinación que Cezanne sentía por la montaña Sainte-Victoire, hechizo que llevó a Picasso a comprar parte de su ladera norte. Desde el Atelier de Cezanne en Aix en Provence, hice este boceto con acuarela, del que dejo la realidad actual de la panorámica, y dos fases. La acuarela, al final, es un medio. Se puede pintar en todas las claves artísticas con ella.  


Materiales de campo


A partir de la última década del siglo XIX, Paul Cezanne pasará la mayor parte de su tiempo en Aix, en la Provenza francesa, lugar en donde nació. Cautivado desde niño por su lugar en el mundo, ya no saldrá de allí hasta su muerte, salvando algunos viajes. A propósito de su fascinación por este macizo provenzal, escribió a su amigo, el escultor Philippe Solari, en carta fechada el 23 de Julio de 1896: Quand on est né là-bas, c'est foutu, rien ne vous dit plus (Cuando has nacido allí, no hay nada que hacer, nada te dice más)


La montaña de Sainte-Victoire sería su fuente de inspiración, de donde brotarían numerosas composiciones. Cezanne siempre supo que lo importante de todo arte no es el motivo, sino sus variaciones, las infinitas vertientes con que se encontraba cada vez que, acatarrado, miraba con ojos de artista aquel imponente macizo de mil metros de altitud. Conocía macizos montañosos mucho más elevados, pero ése era el suyo.



<alt="Pintar paisaje"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
Acuarela sobre Sennelier: Macarena Márquez
 Agosto de 2021


<alt="Macuarela Pintar paisaje Fase 1"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
FASE 1 Acuarela: Macarena Márquez
 

<alt="Macuarela Pintar paisaje Fase 2"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
FASE 2 Acuarela: Macarena Márquez
 


<alt="Fotografía Macarena Márquez Mont Sainte-Victoire Aix en Provenza"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
Fotografía: Macarena Márquez. Agosto de 2021

Mont Sainte-Victoire. Paul Cézanne.
Date: ca. 1902–6. Medium: Oil on Canvas. Philadelphia Museum of Art.


La fascinación por esa montaña, con sus luces y sus sombras, bajo diferentes estaciones y temperaturas, sometida a alternantes grados de humedad, no fue cosa de sus últimos años de vida, en que la diabetes parece que hizo estragos modificando su talante. Ni tampoco de sus problemas. Ni siquiera fue motivada por el lógico aislamiento que requería para desarrollar su arte. Los introvertidos extraen su energía del universo interior, no del mundo exterior. Aunque no por ello es necesario que tengan sus capacidades sociales mermadas. Menciono esto porque Cezanne tenía fama de misántropo. La misantropía puede resultar un tópico, algo que se achaca a muchos artistas y que en este caso formó parte del mito. Hay algo de ello, pero no sólo en Cézanne, más bien en todos los artistas, que demandan tiempos en soledad para desarrollar su magma interior. Calificar a todos de misántropos es un recurso literario que se adecua bien a cualquier prototipo y que forja la leyenda, lo que no denota un reflejo fidedigno de la realidad artística y sus protagonistas.

 

Lo cierto es que, a fuerza de decepciones, Cezanne acabó convirtiéndose en aquello que decían de él. Pero sucedió al final de su vida.

Como muy bien expresó Emile Bernard, pintor postimpresionista que conoció y admiró a Cezanne en su paisaje y escenario: “fue un corazón que conoció y una naturaleza que amó. Cualquiera que sea su afecto, quizás hoy mayor por el hombre que por el artista, describiría su carácter desigual, raro, atormentado, cuyo fondo era la bondad, aunque al final la misantropía terminara por dominarlo, como ocurre generalmente con quienes solo han encontrado la malicia, el interés y la maldad en el mundo”. El texto está recogido en: Recuerdos de Cézanne y cartas inéditas. Traducción de Antonio Lastra y Raúl Miranda. Al final del artículo he reseñado una pequeña bibliografía para quien quiera ampliar sus conocimientos sobre Cezanne y su espacio geográfico, un lugar que es punto reverenciado por sus estudiosos y seguidores.

Según la semblanza recogida por Bernard, podemos decir que sí, que acabó sumido en la misantropía, pero otras personas que también lo conocieron, aseguraron que el maestro de maestros fue un hombre proclive a la charla, a la enseñanza de su sabiduría, al contacto con la gente en los cafés de Aix.

De todas estas contradicciones se deduce que todo depende de aquel que nos mira. Y también puede ser que realmente Cézanne fuera a los cafés, se tomará el café -y lo que no fuera café- con quien fuera que fuese; que, a continuación, se sumiera en su mundo; que no le importara cuanto le decían, ni lo que le contaran, mucho menos aquellos que se lo contaban. Es común para muchos artistas que mientras hablan y tratan de escuchar, están creando. Sus mentes son diferentes. El caso es que esa montaña, pintada hasta la saciedad, ya aparecía en cuadros de la primera época.

Tan sólo hay que fijarse en su obra: El Eterno femenino (1877)


Paul Cézanne (French, 1839 - 1906)
The Eternal Feminine (L'Éternel Féminin), about 1877, Oil on canvas
43.5 × 53.3 cm (17 1/8 × 21 in.), 87.PA.79
The J. Paul Getty Museum, Los Angeles


Y ¿Qué es lo que pinta ese artista? ¿Acáso pinta a la mujer?

Únicamente hay que ser un poco observador para comprobarlo.

Cezanne se ha retratado pintando su montaña predilecta. La mujer tiene la forma de la montaña, en paralelo a la forma triangular sobre ella. El pintor mira, como todos, a la mujer. Pero pinta la montaña.

El artista que no consiguió aprobar el examen para entrar en la Escuela de Bellas Artes de París no dejaría de pintarla nunca. Y en estos términos le hablaría al joven Gasquet mientras paseaban por los alrededores de Aix y se adentraban en el sortilegio de la montaña provenzal: Por mucho tiempo carecí del poder y del saber para pintar la Sainte-Victoire. Imaginaba que la sombra era cóncava, como los otros, que no miran. Mientras que, fíjese, es convexa. Huye de su centro. Es una sombra que se evapora, se fluidifica. Participa, toda azulada, en la vibración ambiente del aire. Como allí, a la derecha, en el Pilon du Roi. ¿Ve usted? Al contrario que la claridad, se mece húmeda, espejeante. Es el mar... Eso es lo que hay que expresar. Eso es lo que hay que saber. Ése es el baño de ciencia, podríamos decir, en el que hay que sumergir la placa sensible propia. Para pintar bien un paisaje, debo descubrir en primer lugar las capas geológicas y huir de todo realismo en los detalles, que sólo agrada al gusto burgués.

Cézanne llegaría a pintar su montaña hasta 80 veces.

Años después, Picasso, que amó hasta la saciedad el arte de Cézanne, le diría a Brassai: “¿Cézanne? ¡Fue mi único maestro! Sus cuadros me han acompañado durante toda la vida. He pasado años contemplando sus cuadros. He pasado años estudiándolos”.

Y ¡tanto que lo contempló, lo estudió y lo admiró! Un día llamó a Daniel-Henry Kahnweiler, su marchante a partir de 1912, y le dijo: “Me he comprado la Sainte-Victoire”.

Kahnweiler, sabiendo que Cézanne había pintado decenas de cuadros de esta montaña, le preguntó al artista: “Pero ¿Cuál de ellos?” A lo que Picasso contestó: “La de verdad”.


Picasso compró 1.100 hectáreas de monte, en la ladera norte, castillo y título de marquesado incluido: Vauvenargues. Huyendo del alboroto de Cannes, quería vivir la misma obsesión que Cezanne: Mirar su montaña, vivir su montaña, pintar su montaña, oler su montaña. Amar a los pies de su montaña. Dijo de Cezanne: “Es el padre de todos nosotros”.



Château de Vauvenargues
Vauvenargues

El más internacional de los artistas españoles sigue allí. Al pie del macizo Sainte-Victoire, enterrado en el jardín del Château de Vauvenargues. Junto a Jacqueline, su última mujer, cuarenta y ocho años menor que él, con quien se casó. Rodeado de cedros.

 

Bibliografía:

  • Gasquet, Joachim. Cézanne. Lo que vi y lo que me dijo. Gadir Editorial, S.L. 2005.
  • Bernard, Emile. Recuerdos de Cézanne y cartas inéditas. Traducción de Antonio Lastra y Raúl Miranda. Del original:  Souvenirs sur Paul Cézanne et lettres inédites. 1907.
  • Arias Serrano, Laura. Las fuentes de la historia del arte en la época contemporánea. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2012.
  • Brassaï. Conversaciones con Picasso. Aguilar, 1964.
  • Rewald, John. Cezanne. A biography. Abradale Press Harry N. Abrams, Inc. New York, 1990
  • Penrose, Roland. Picasso. Su vida y su obra. Argos Vergara. Barcelona, 1981.

 

 

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Sainte-Victoire
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Macarena Márquez Jurado

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