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La montaña de Cézanne que Picasso amó: Sainte-Victoire.

En el verano de 2021 fui a comprobar la fascinación que Cezanne sentía por la montaña Sainte-Victoire, hechizo que llevó a Picasso a comprar parte de su ladera norte. Desde el Atelier de Cezanne en Aix en Provence, hice este boceto con acuarela, del que dejo la realidad actual de la panorámica, y dos fases. La acuarela, al final, es un medio. Se puede pintar en todas las claves artísticas con ella.   

<alt="Pintar paisaje"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
Acuarela sobre Sennelier: Macarena Márquez
 Agosto de 2021


<alt="Macuarela Pintar paisaje Fase 1"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
FASE 1 Acuarela: Macarena Márquez
 

<alt="Macuarela Pintar paisaje Fase 2"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
FASE 2 Acuarela: Macarena Márquez
 


<alt="Fotografía Macarena Márquez Mont Sainte-Victoire Aix en Provenza"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
Fotografía: Macarena Márquez
 Agosto de 2021

A partir de la última década del siglo XIX, Paul Cezanne pasará la mayor parte de su tiempo en Aix, en la Provenza francesa, lugar en donde nació. Cautivado desde niño por su lugar en el mundo, ya no saldrá de allí hasta su muerte, salvando algunos viajes. A propósito de su fascinación por este macizo provenzal, escribió a su amigo, el escultor Philippe Solari, en carta fechada el 23 de Julio de 1896: Quand on est né là-bas, c'est foutu, rien ne vous dit plus (Cuando has nacido allí, no hay nada que hacer, nada te dice más)

La montaña de Sainte-Victoire sería su fuente de inspiración, de donde brotarían numerosas composiciones. Cezanne siempre supo que lo importante de todo arte no es el motivo, sino sus variaciones, las infinitas vertientes con que se encontraba cada vez que, acatarrado, miraba con ojos de artista aquel imponente macizo de mil metros de altitud. Conocía macizos montañosos mucho más elevados, pero ése era el suyo.

Mont Sainte-Victoire. Paul Cézanne.
Date: ca. 1902–6. Medium: Oil on Canvas. Philadelphia Museum of Art.

La fascinación por esa montaña, con sus luces y sus sombras, bajo diferentes estaciones y temperaturas, sometida a alternantes grados de humedad, no fue cosa de sus últimos años de vida, en que la diabetes parece que hizo estragos modificando su talante. Ni tampoco de sus problemas. Ni siquiera fue motivada por el lógico aislamiento que requería para desarrollar su arte. Los introvertidos extraen su energía del universo interior, no del mundo exterior. Aunque no por ello es necesario que tengan sus capacidades sociales mermadas. Menciono esto porque Cezanne tenía fama de misántropo. La misantropía puede resultar un tópico, algo que se achaca a muchos artistas y que en este caso formó parte del mito. Hay algo de ello, pero no sólo en Cézanne, más bien en todos los artistas, que demandan tiempos en soledad para desarrollar su magma interior. Calificar a todos de misántropos es un recurso literario que se adecua bien a cualquier prototipo y que forja la leyenda, lo que no denota un reflejo fidedigno de la realidad artística y sus protagonistas.

Lo cierto es que, a fuerza de decepciones, Cezanne acabó convirtiéndose en aquello que decían de él. Pero sucedió al final de su vida.

Como muy bien expresó Emile Bernard, pintor postimpresionista que conoció y admiró a Cezanne en su paisaje y escenario: “fue un corazón que conoció y una naturaleza que amó. Cualquiera que sea su afecto, quizás hoy mayor por el hombre que por el artista, describiría su carácter desigual, raro, atormentado, cuyo fondo era la bondad, aunque al final la misantropía terminara por dominarlo, como ocurre generalmente con quienes solo han encontrado la malicia, el interés y la maldad en el mundo”. El texto está recogido en: Recuerdos de Cézanne y cartas inéditas. Traducción de Antonio Lastra y Raúl Miranda. Al final del artículo he reseñado una pequeña bibliografía para quien quiera ampliar sus conocimientos sobre Cezanne y su espacio geográfico, un lugar que es punto reverenciado por sus estudiosos y seguidores.

Según la semblanza recogida por Bernard, podemos decir que sí, que acabó sumido en la misantropía, pero otras personas que también lo conocieron, aseguraron que el maestro de maestros fue un hombre proclive a la charla, a la enseñanza de su sabiduría, al contacto con la gente en los cafés de Aix.

De todas estas contradicciones se deduce que todo depende de aquel que nos mira. Y también puede ser que realmente Cézanne fuera a los cafés, se tomará el café -y lo que no fuera café- con quien fuera que fuese; que, a continuación, se sumiera en su mundo; que no le importara cuanto le decían, ni lo que le contaran, mucho menos aquellos que se lo contaban. Es común para muchos artistas que mientras hablan y tratan de escuchar, están creando. Sus mentes son diferentes. El caso es que esa montaña, pintada hasta la saciedad, ya aparecía en cuadros de la primera época.

Tan sólo hay que fijarse en su obra: El Eterno femenino (1877)


Paul Cézanne (French, 1839 - 1906)
The Eternal Feminine (L'Éternel Féminin), about 1877, Oil on canvas
43.5 × 53.3 cm (17 1/8 × 21 in.), 87.PA.79
The J. Paul Getty Museum, Los Angeles

Se trata de una obra cargada de crítica social. Tenía treinta y ocho años cuando la pintó. En ella, mientras los varones del pueblo apuntan y parecen fagocitar a una mujer, un artista pinta algo sobre un lienzo.

Y ¿qué es lo que pinta ese artista? ¿Acáso pinta a la mujer?

Únicamente hay que ser un poco observador para comprobarlo.

Cezanne se ha retratado pintando su montaña predilecta. La mujer tiene la forma de la montaña, en paralelo a la forma triangular sobre ella. El pintor mira, como todos, a la mujer. Pero pinta la montaña.

El artista que no consiguió aprobar el examen para entrar en la Escuela de Bellas Artes de París no dejaría de pintarla nunca. Y en estos términos le hablaría al joven Gasquet mientras paseaban por los alrededores de Aix y se adentraban en el sortilegio de la montaña provenzal: Por mucho tiempo carecí del poder y del saber para pintar la Sainte-Victoire. Imaginaba que la sombra era cóncava, como los otros, que no miran. Mientras que, fíjese, es convexa. Huye de su centro. Es una sombra que se evapora, se fluidifica. Participa, toda azulada, en la vibración ambiente del aire. Como allí, a la derecha, en el Pilon du Roi. ¿Ve usted? Al contrario que la claridad, se mece húmeda, espejeante. Es el mar... Eso es lo que hay que expresar. Eso es lo que hay que saber. Ése es el baño de ciencia, podríamos decir, en el que hay que sumergir la placa sensible propia. Para pintar bien un paisaje, debo descubrir en primer lugar las capas geológicas y huir de todo realismo en los detalles, que sólo agrada al gusto burgués.

Cézanne llegaría a pintar su montaña hasta 80 veces.

Años después, Picasso, que amó hasta la saciedad el arte de Cézanne, le diría a Brassai: “¿Cézanne? ¡Fue mi único maestro! Sus cuadros me han acompañado durante toda la vida. He pasado años contemplando sus cuadros. He pasado años estudiándolos”.

Y ¡tanto que lo contempló, lo estudió y lo admiró! Un día llamó a Daniel-Henry Kahnweiler, su marchante a partir de 1912, y le dijo: “Me he comprado la Sainte-Victoire”.

Kahnweiler, sabiendo que Cézanne había pintado decenas de cuadros de esta montaña, le preguntó al artista: “Pero ¿Cuál de ellos?” A lo que Picasso contestó: “La de verdad”.

Picasso compró 1.100 hectáreas de monte, en la ladera norte, castillo y título de marquesado incluido: Vauvenargues. Huyendo del alboroto de Cannes, quería vivir la misma obsesión que Cezanne: Mirar su montaña, vivir su montaña, pintar su montaña, oler su montaña. Amar a los pies de su montaña. Dijo de Cezanne: “Es el padre de todos nosotros”.

Château de Vauvenargues
Vauvenargues

El más internacional de los artistas españoles sigue allí. Al pie del macizo Sainte-Victoire, enterrado en el jardín del Château de Vauvenargues. Junto a Jacqueline, su última mujer, cuarenta y ocho años menor que él, con quien se casó. Rodeado de cedros.

 

Bibliografía:

  • Gasquet, Joachim. Cézanne. Lo que vi y lo que me dijo. Gadir Editorial, S.L. 2005.
  • Bernard, Emile. Recuerdos de Cézanne y cartas inéditas. Traducción de Antonio Lastra y Raúl Miranda. Del original:  Souvenirs sur Paul Cézanne et lettres inédites. 1907.
  • Arias Serrano, Laura. Las fuentes de la historia del arte en la época contemporánea. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2012.
  • Brassaï. Conversaciones con Picasso. Aguilar, 1964.
  • Rewald, John. Cezanne. A biography. Abradale Press Harry N. Abrams, Inc. New York, 1990
  • Penrose, Roland. Picasso. Su vida y su obra. Argos Vergara. Barcelona, 1981.

 

 

<alt="Sainte-Victoire desde el atelier de Cezanne www.macuarela.com"/>
Sainte-Victoire
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Cómo dibujar antes de empezar a pintar con Acuarela. La percepción Gestáltica.

Antes de empezar a pintar con acuarela y a nadar en el agua, es importante tener algunos conceptos de dibujo claros. Si no aprendemos a hacer una observación de la realidad desde el punto de vista artístico, es imposible que podamos reflejar realidad alguna. Hay personas que piensan que pueden pintar muy bien sin tener nociones de dibujo. Y es cierto. Hay casos de ello. Sin embargo, la gran mayoría acabará estancada. Incluso cuando su línea sea la abstracción, es fundamental un entendimiento profundo de la realidad circundante y sus dimensiones para poder abstraer.

 Si nos disponemos a pintar con acuarela, y no somos muy diestros en la técnica, es aconsejable que antes cojamos lápiz y papel y emprendamos algunos bocetos. También lo podemos hacer con rotuladores de acuarela, o con bolígrafos de tinta líquida. De ese modo no podemos borrar, y los intentos fallidos nos servirán como aprendizaje y ejercicio.

 Para ello, paso a comentar algunas nociones, que no siempre están claras, recomendando dos libros para quienes quieran profundizar, uno de John Torreano, de aportaciones inigualables: Dibujar lo que vemos. Y un clásico para todos los estudiosos de Rudolf Arnheim: Arte y Percepción Visual. Al final añado la bibliografía.

 La primera cuestión antes de dar comienzo a nuestros bocetos con Acuarela sería la siguiente:

 ¿Qué es dibujar?

 Dibujar es dar un salto desde una realidad tridimensional, que es en la que vivimos y que consta de las variables: alto, ancho y profundo, a otra bidimensional, que es la que tiene nuestro papel: alto y ancho.

¿Y cuál dimensión de las tres es la que le falta a nuestro papel para que tengamos que hacer ese esfuerzo?

Claramente: Lo profundo.

Lo profundo fue el gran motivo de estudio de los pintores del Renacimiento. Resultado de ello fueron las leyes de la perspectiva, ese gran invento que resolvió la dificultad de la que hablo. Paolo Uccello, pintor del Quattrocento, llegó a no dormir -según nos cuenta Vasari-, para desentrañar esta complejidad.

El hombre del siglo XXI, el artista en concreto ya no valora estos conceptos básicos, el salto que hay que dar desde las tres dimensiones del mundo, a las dos del lienzo. La herramienta ya está inventada, y se llama perspectiva. Desde que aprendemos en el colegio, dibujamos con estos avances incorporados. Con todo, conocer qué es lo que a veces nos impide dibujar, es algo en lo que vale la pena incidir.

Nuestro papel es plano, sólo tiene ancho y alto, y en él tendremos que reflejar la profundidad de los cuerpos y de los espacios, incluso el tiempo. Es una empresa difícil que a muchas personas se les resiste. La mayoría de las veces sucede porque no nos hemos parado a pensar en este conflicto. Pasar del mundo tridimensional en que vivimos a nuestro soporte de papel, al que le daremos vida con nuestra imaginación y nuestras acuarelas, es todo un reto. Nuestro cerebro tiene que hacer un gran esfuerzo que acaba siendo natural.

Antes de que nos convirtamos en “maestros” -queremos pintar bien desde la tercera acuarela- y que nos volquemos en la abstracción, recomiendo el método de la ESCUELA GESTALT aplicado al dibujo y a la pintura.

La Gestalt es una escuela alemana que ha estudiado el dibujo, el proceso por el que entran las formas en nuestro cerebro. Este proceso es desarrollado como un TODO, aconsejando evitar el dibujo por partes, tan atractivo cuando estamos empezando. Durante generaciones se ha enseñado a dibujar elemento a elemento. Y hay mucha frustración en adultos que hubieran deseado plasmar su lado más creativo, sin éxito. Porque lo que hay que enseñar es a ver. Después a mirar. Eso es anterior a dibujar. Y, por supuesto, muy anterior a pintar una acuarela.

¿Qué le sucede al principiante cuando quiere dibujar a una persona? Que empieza por la cabeza, pinta todos los elementos de la cabeza, pelo, cráneo, rostro, boca, frente, ojos, pestañas, incluso pupilas.  Después pinta el cuello, los hombros, brazos o torso. Cuando quiere llegar los pies de la persona, el aprendiz que no ha sido adiestrado en el arte de mirar, se queda sin papel. No caben ni las piernas. En realidad, el papel se ha acabado a la altura de las rodillas. Y ¿por qué sucede eso? La respuesta es porque no ha visto a esa persona como un todo, sino parte a parte. La mirada holística es importante para el artista.

GESTALT es igual a FORMA en alemán. Dibujar es ver, y aprender a dibujar es aprender a ver. Y para ver, en este sentido, hay que aislar la vista de la función habitual que todo homo sapiens tiene integrada. Hay que adiestrarla. No podemos olvidar que, originalmente, nuestra vista tiene una función discriminatoria, para la supervivencia de la especie. Y que la función estética es cultura y, por tanto, algo que hay que educar.


LOS 2 TIPOS DE PERCEPCIÓN SEGÚN LA ESCUELA GESTALTICA

<alt="Antes de pintar hay que dibujar"/>

Percepción Habitual y Percepción Estética. Figura 1
Acuarela y Bolígrafo de Tinta
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1.- Percepción habitual: Es lo que tenemos aprendido, lo que conocemos, la forma que tenemos de ver normalmente en tres dimensiones. Pongo el ejemplo de la silla porque es un clásico. Una silla tiene 4 patas, un asiento, un respaldo. Todas ellas son cosas diseñadas con el objetivo de que, si nos sentamos, no nos caigamos al suelo. No concebimos una silla con 2 patas y, por eso, si dibujamos una silla, la dibujaremos con 4 patas. Aunque no quepan en el papel y no las veamos. Nuestra visión del mundo tiene más de dos dimensiones y así lo intentamos plasmar. Según mi opinión, esto es uno de los mayores obstáculos a la hora de dibujar, de los que generan más frustración en las personas que, quieren hacerlo, pero no se atreven.

2.- Percepción estética: Es lo que realmente vemos en un instante y lugar concreto. Desde un punto de vista en que la silla está de frente, o lateral, y nuestros ojos a la altura del asiento, es muy probable que solo veamos dos patas, y, sin embargo, es una silla. Y, además, si dibujamos lo que vemos, en dos dimensiones, y lo hacemos bien, esa silla no se va a caer. Haced la prueba. Esa es la percepción ESTETICA, en la que debemos movernos para aprender a dibujar y a pintar bien. Al principio, uno intentará dibujar las cuatro patas. Aunque no quepan en nuestro papel lo forzará. No se ven, pero se intentará. Es difícil pasar de una percepción habitual a una estética. Pero, como todo, es cuestión de práctica.

 La percepción estética haría alusión a las formas bidimensionales concretas que ve cada persona en un lugar y punto del espacio.

<alt="Percepción en Dibujo"/>
Percepción Habitual y Percepción Estética. Figura 2. Silla
Acuarela y Bolígrafo de Tinta
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 Nos cuesta mucho pintar o dibujar solo lo que vemos, dos patas en vez de cuatro. Es algo difícil hasta de escribir, pero, las personas tendemos a ver lo que creemos y a no creer en lo que vemos.

Si en la silla de la derecha (figura 3) sólo vemos 2 patas y un indicio de la tercera, ¿Por qué intentar pintarla con 4 patas?

<alt="Percepción Estética"/>
Silla visión 4 patas. Silla visión 2 patas. Figura 3
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 Y ¿Qué hacer para evitar el dibujo por partes que propone la Escuela Gestáltica?

 El camino es ENCAJAR (figuras 4 y 5)

 En base a la ley de la Pregnacia, o de la buena forma, la persona que percibe adoptará la forma más sencilla entre todas las que percibe. Por ejemplo, si vemos una persona gruesa delante de nosotros, podemos discriminar los brazos y manos que sobresalen del cuerpo, las piernas, que tiene separadas, etc. Aun así, percibiremos el todo global de la esa figura. La encajaremos, por ejemplo, en un tronco de cono (ver figura num. 4 ) Eso permitirá evitar el inicial dibujo por partes.

<alt="Cómo encajar una figura"/>
Encajar. Gestalt. Ley de la Pregnancia. Figura 4
Bolígrafo de Tinta
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 Todas las formas de la naturaleza se pueden insertar en una forma geométrica. Si antes de empezar con los detalles al dibujar, esbozamos la caja en donde vamos a meter nuestra figura, cuando lleguemos a los pies de la persona de la que hablábamos cabrán en la hoja de papel. Porque hemos empezado por el todo, aislando con nuestra vista su cuerpo e introduciéndolo en una forma geométrica o caja.

 Haz la prueba.

<alt="Las figuras geométricas"/>
Formas Geométricas -  Boceto - Encajar. Figura 5
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 Después, sólo después, coge las acuarelas, escoge tu paleta: Rojo, amarillo, verde, azul, siena, violeta y naranja. Y pinta. No queramos ser Rothko antes de saber pintar las patas de una silla.

¡Ánimo!

Bibliografía:

  • Torreano, John. Dibujar lo que vemos. Ed. Blume. Barcelona, 2008
  • Arnheim, Rudolf. Arte y Percepción visual. Alianza Forma. Madrid, 2010.


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Macarena Márquez Jurado

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Albaicín de noche - Urban Sketcher Granada - Slow Travel

Albaicín de noche

Urban Sketcher Granada - Slow Travel

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

 

Granada de noche y primavera. Con o sin cuaderno uno pinta. En el instante o al instante o muchos instantes después de los instantes.


No sabría qué decir sobre pintar en Granada, o sobre Granada. Cualquier rincón, calle o plaza recreado supone una especie de profanación. En el caso granadino lo mejor es la realidad, que en su caso no está compuesta sólo de espacios y luces, sino también de tiempos. De olores, sabores, texturas y sonidos que se pueden coger. Por ello, al pintar en Granada podremos reflejar la exclusiva realidad. O un instante. Si optamos por la primera opción, será difícil igualar, y mucho más arduo aportar algo sin estropear. Si por el contrario intentamos pintar un instante, nos habremos salido de sus calles y sus cuestas, de sus jardines. Y quizá nos reencontremos con algo que nos dejó cuando ya no estábamos allí.


<alt="Plaza de San Miguel Bajo"/>
Granada - Plaza de San Miguel Bajo
Soñé que pintaba. Macarena Márquez. Acuarela sobre Fabriano.
 

En cualquiera de los casos, es una tarea diferente. No es lo mismo pintar un paisaje, la naturaleza en estado puro, que la naturaleza doblegada de las ciudades. Tendré detractores por decir esto, pero siempre prefiero el último caso. En este concreto de Granada, la ciudad supera y trasciende la naturaleza. E incluso la encierra y la enfoca entre muros de adobe y adarves.

 

La primera vez que fui con la intención de plasmar algo, lo hice una pequeña libreta en donde esbozaba pequeños deslumbramientos que tenía cada vez que doblaba una calle o me adentraba por un jardín, en el instante en que me paraba en la puerta de un carmen a escuchar la algarabía de agua, pájaros y chasquidos de cosas. Al final, escribía más que pintaba, pensando que cuando llegara al estudio sería capaz de extraer algo de todo aquello que poco a poco me iba superando desde todos los puntos del espacio y dimensiones científicas y por descubrir. Me iba quedando atrás. Y esbozaba o lo intentaba. No es lo mismo pintar a partir de una foto que pintar in situ. El movimiento Urban Sketcher tiene un sentido que a mí me gusta y me parece original. Y es que el tiempo es otro. Uno se detiene y trasciende lo que pinta, entra en esa dimensión retomada en la actualidad como contrapartida a la velocidad de nuestras horas, que se denomina “movimiento slow”. Frente a la fast food o comida rápida, la slow food o comida lenta. Este movimiento se inició en Italia a fines de los ochenta unido al de Cittá Slow. Y lo mismo sucedió con el turismo lento. La escritora de viajes Nicky Gardner decía que la velocidad destruye la conexión con el paisaje. Y tenía razón. Hay un turismo que está concebido como turismo de supermercado, de grandes superficies. Se consumen ciudades y “sitios que ver” como se consumen horas de televisión. No hablo de la buena televisión.

 

Ese concepto casi filosófico del viaje o turismo lento -que me encanta-, en Granada es algo que tiene lugar sin querer. El Paseo de los Tristes no es para seres estresados ni para apagar fuegos. En cuanto a los vericuetos de boj de La Alhambra no están hechos para correr. En el Albaicín, lo mejor es subir lentamente, y bajar aún más lento, haciendo una parada en la Placeta de San Miguel Bajo siempre que se pueda. Por la tarde. Sin prisa. Si tenemos la suerte de poder sentarnos, mejor.

 

Allí se encuentra la iglesia de San Miguel Bajo, de estilo mudéjar, que se asienta sobre los restos de una antigua mezquita árabe de la que queda el aljibe, y cuya fachada es un compendio de sencillez artística. De noche, sus muros encalados parecen tener luz. Uno se sienta por allí y espera a tener sueño. Y si el sueño no llega, sencillamente espera y después se va escuchando los susurros y pisadas de los últimos en recogerse, que en Granada siempre son bastantes, y bastantes más que los primeros.


Plaza de San Miguel Bajo - Granada
Junio de 2018
Macarena Márquez - www.macuarela.com


 Siguiendo con el turismo lento, y dentro de esa línea de lentitud a la que me refería, habría que hablar también de pintura y bocetos lentos. Es conocido por cualquier artista que podemos pintar a partir de los trillones de fotos que sacamos cuando vamos de viaje. Podemos recrear en lienzos o cuadernos de forma compulsiva. Esa forma de pintar también describe el pálpito de un artista: el borbotón. Cualquiera de las artes tiene instantes que son veloces y muy intensos. Con todo, también hay momentos y lugares que te paran, en los que la voz del tiempo reclama tu atención para que observes, para que contemples, racionalices, y después te abandones. Granada es una ciudad que está hecha de instantes veloces muy intensos en lo que a arte y expresión artística se refiere. Son instantes de captación que conllevan grandes frenadas, instantes en los que no se puede hacer otra cosa que parar. En el caso de los Urban Sketcher, aprendices o artistas avezados, no quedará otra salida que la de reducir la belleza a líneas, sintetizando todas las longitudes de onda de los colores en dos o tres. La sensación en un lugar como Granada es la de que, con gran humildad, tenemos que comprimir los instantes, la belleza. Como en las buenas partituras, en donde notas y tiempos son colocados de forma perfecta hasta reflejar algo. Y eso como mucho. La mayoría de las veces, ante bellezas grandes, el artista, o da un salto al vacío y rompe con la realidad, o estropea. Creo que la mejor forma de reflejar Granada sería en clave cubista, en clave Fauve, abstracta. Pero nunca realista.

 

Aquí os dejo este instante recreado. Es un boceto más literario que plástico. No pude pintar in situ porque todo resultaba un verdadero estropeo. Era de noche y había una luz granadina de junio. Esbocé. Después soñé que pintaba eso que vi. Y volví a esbozar. Es lo que veis. No se trata exactamente de un urban sketch. Estuve allí, sí. Y esbocé allí. Y rompí. Lo que veis es que soñé que pintaba. Se trata de una recreación pintada de noche sobre una noche concreta, con toda la redundancia de la frase. Ahí dejé mi caballete dentro del esbozo. Y ahí sigo en un instante de junio, tan lento que quedó parado entre mis instantes robados ¿O arrobados?

 

Para suerte mía, el instante se coló. Y se quedó.

 

Material empleado:

Cuaderno de bocetos: Fabriano

Acuarelas en pastilla: Caja de 12 unidades

Pinceles:

Redondos del 2, 4, 6

Lápiz: Portaminas 2HB

Goma de borrar de miga de pan


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Urban Sketcher - ¿Qué es el movimiento Urban Sketcher?

 Urban Sketcher - Cádiz

Calle Ancha – Salón Italiano

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

 

El movimiento Urban Sketcher, nacido en 2007 en la plataforma Flickr y cuyo iniciador es Gabriel Campanario, tiene miles de seguidores, e incluso un manifiesto, en el que se estipulan las bases generales.


<alt="Sketcher"/>
Urban Sketcher - Cádiz - Calle Ancha
Macarena Márquez - Septiembre 2020

Pertenecen a él artistas que se reúnen en un lugar del planeta y dibujan y pintan, compartiendo después sus obras. Como hecho aislado, dibujar de forma abocetada in situ es algo que tiene una historia larga, que existe desde que el artista abandona su estudio y se lanza al exterior, en donde toma apuntes con grafito o plumilla, que muchas veces se llevarán a una obra de mayores dimensiones, ya en el estudio, o que se quedarán en fase de boceto. Lo que es original de este movimiento es su carácter global y narrativo, que une a artistas de todo el mundo, pero no sólo a artistas profesionales,  sino a otros con diferente grado de preparación técnica. También es único a lo largo de toda la Historia del Arte, el hecho de que se origina en una red social en donde se comparten los trabajos.

Campanario, ilustrador y periodista español, creador de contenido visual, nació en Barcelona, estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y vive en Seatle (EEUU), en donde forma parte de la plantilla de The Seattle Times. Aglutina y lidera un movimiento mundial cuyo lema es: “Enseñando el mundo, dibujo a dibujo”.

Todo empezó compartiendo dibujos de tipo periodístico, después se creó el blog. A la bitácora se fueron uniendo artistas y corresponsales. Los dibujos se hacen a mano alzada, y se acompañan de textos o anecdotarios que añaden contenido al boceto o sketch. Lo primordial, según lo entiendo, es que une a personas muy diferentes pero que tienen un interés común y poderoso, son artistas visuales. Ven y viven el planeta con otros ojos narran el planeta y sus calles, sus lugares, a las personas que lo habitan.

Barcelona o Madrid son ciudades que aglutinan multitud de urban sketchers. Pero estamos en todos los sitios. El manifiesto del movimiento tiene bases entre las que cabe destacar: Ser fiel a las escenas que se ven, ayudar a otros con sus sketchs, y compartir el trabajo en Internet.

Se dibuja en cuaderno. Como ya expliqué en el artículo dedicado a Cuadernos de Viajes, estos cuadernos pueden ser encolados o de espiral, hay sketchers que se fabrican los suyos propios con el número de páginas y gramaje necesarios.  Todo en el boceto es artesano. Lo importante después de dibujar y pintar es compartirlo. El movimiento tiene página oficial en Facebook, en Flicr -en donde empezó-, y en todas las redes sociales. No hay que olvidar que Internet es aglutinante de una multidud de artistas que antes dibujaban solos bocetos de su ciudad y que no compartían su arte más que con su familia. A lo sumo.

Hay diferentes estilos, y dentro de unas bases comunes encontramos técnicas variadas. Unos sketchers delinean con bolígrafo, otros con pluma o plumilla, otros con Roller Pen. Unos delinean antes de pintar con acuarela, y otros -entre quienes me incluyo-, pintan antes, estableciendo las masas y planos de color. Al final delinean. Lo importante aquí es que los rotuladores o plumillas sean de tinta indeleble al agua.  

Al compartirse en redes, el movimiento tiene un crecimiento exponencial. Hay artistas muy grandes en este movimiento, empezando por su fundador, cuya obra me quedo observando muchas veces durante largos ratos y que recomiendo seguir como aprendizaje. Siempre se aprende de los que saben más.

El boceto boceto in situ, o dibujo de ubicación, tiene un valor artístico que este movimiento ha puesto en su lugar. Según el manifiesto se puede dibujar en exteriores o interiores, y siempre es un tipo de composición narrativa, algo que sucede en el tiempo y en un lugar del planeta.

Me encanta este movimiento. Quiero añadir a este artículo, que empecé siendo una especie de urban sketcher muy joven, cuando el movimiento aun no existía. Íbamos en grupos al Café Viena de Madrid, y después al Templo de Debod, a los Jardines de Sabatini, a un banco de la calle a pasar frío o calor con nuestros cuadernos. Éramos todos artistas del emblemático y antiguo Estudio Gutiérrez-Navas de Madrid, y al frente de nosotros se encontraba Concha María Gutiérrez-Navas, a la que -rondando la década de los ochenta del pasado siglo- sólo le faltó para convertirnos en auténticos sketchers la conexión Internet.

A ella le dedico este artículo y este sketch. Se trata de un cuaderno realizado en Cádiz en Septiembre de este año 2020, el año de la pandemia. Cádiz siempre es alegre. El color y la luz de esta ciudad, el clima que lo permite, me dejaron con ganas de volver sólo para hacer Sketching. Nunca es suficiente.

En esta acuarela, en concreto, quise dejar constancia de la densidad de población que había en un par de bancos situados en la Calle Ancha de esta ciudad, frente al Salón Italiano, llegando ya a la Plaza de San Francisco. Cuando se estaba haciendo de noche, y los colores inigualables que se ven allí, ya eran imposibles de reflejar -hay un tipo de belleza que se queda con nosotros, pero que no se puede sacar de su sitio-, observaba y plasmaba un sketch de los bancos que podíamos ver desde el balcón. El banco frente a la famosa heladería se quedaba vacío. A continuación, venían otras personas con nuevos helados. Se iban. Se sentaban otras. No daba abasto con mi cuaderno.

¡Menos mal que llevaba dos!

Material empleado:

Cuaderno de bocetos: ARTEZA. Cold Press, Acid Free. 21x21. 230 g/m2

Gouache:

            Blanco – White

Acuarela en pastilla:

            Paleta básica caja de 12 colores

Tinta china de colores

Pinceles:

Redondos del 2, 4, 6

Planos del 2, 10

Roller Pen de Tinta Líquida resistentes al agua:

            De punta redonda y plana. Números: 0.2, 0.4 y 0.7

Lápiz: 2HB

Goma de borrar de miga de pan

 

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La montaña de Cézanne que Picasso amó: Sainte-Victoire.

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