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La montaña de Cézanne que Picasso amó: Sainte-Victoire.

En el verano de 2021 fui a comprobar la fascinación que Cezanne sentía por la montaña Sainte-Victoire, hechizo que llevó a Picasso a comprar parte de su ladera norte. Desde el Atelier de Cezanne en Aix en Provence, hice este boceto con acuarela, del que dejo la realidad actual de la panorámica, y dos fases. La acuarela, al final, es un medio. Se puede pintar en todas las claves artísticas con ella.   

<alt="Pintar paisaje"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
Acuarela sobre Sennelier: Macarena Márquez
 Agosto de 2021


<alt="Macuarela Pintar paisaje Fase 1"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
FASE 1 Acuarela: Macarena Márquez
 

<alt="Macuarela Pintar paisaje Fase 2"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
FASE 2 Acuarela: Macarena Márquez
 


<alt="Fotografía Macarena Márquez Mont Sainte-Victoire Aix en Provenza"/>
Mont Sainte-Victoire desde el Atelier de Cézanne. Aix-en-Provence.
Fotografía: Macarena Márquez
 Agosto de 2021

A partir de la última década del siglo XIX, Paul Cezanne pasará la mayor parte de su tiempo en Aix, en la Provenza francesa, lugar en donde nació. Cautivado desde niño por su lugar en el mundo, ya no saldrá de allí hasta su muerte, salvando algunos viajes. A propósito de su fascinación por este macizo provenzal, escribió a su amigo, el escultor Philippe Solari, en carta fechada el 23 de Julio de 1896: Quand on est né là-bas, c'est foutu, rien ne vous dit plus (Cuando has nacido allí, no hay nada que hacer, nada te dice más)

La montaña de Sainte-Victoire sería su fuente de inspiración, de donde brotarían numerosas composiciones. Cezanne siempre supo que lo importante de todo arte no es el motivo, sino sus variaciones, las infinitas vertientes con que se encontraba cada vez que, acatarrado, miraba con ojos de artista aquel imponente macizo de mil metros de altitud. Conocía macizos montañosos mucho más elevados, pero ése era el suyo.

Mont Sainte-Victoire. Paul Cézanne.
Date: ca. 1902–6. Medium: Oil on Canvas. Philadelphia Museum of Art.

La fascinación por esa montaña, con sus luces y sus sombras, bajo diferentes estaciones y temperaturas, sometida a alternantes grados de humedad, no fue cosa de sus últimos años de vida, en que la diabetes parece que hizo estragos modificando su talante. Ni tampoco de sus problemas. Ni siquiera fue motivada por el lógico aislamiento que requería para desarrollar su arte. Los introvertidos extraen su energía del universo interior, no del mundo exterior. Aunque no por ello es necesario que tengan sus capacidades sociales mermadas. Menciono esto porque Cezanne tenía fama de misántropo. La misantropía puede resultar un tópico, algo que se achaca a muchos artistas y que en este caso formó parte del mito. Hay algo de ello, pero no sólo en Cézanne, más bien en todos los artistas, que demandan tiempos en soledad para desarrollar su magma interior. Calificar a todos de misántropos es un recurso literario que se adecua bien a cualquier prototipo y que forja la leyenda, lo que no denota un reflejo fidedigno de la realidad artística y sus protagonistas.

Lo cierto es que, a fuerza de decepciones, Cezanne acabó convirtiéndose en aquello que decían de él. Pero sucedió al final de su vida.

Como muy bien expresó Emile Bernard, pintor postimpresionista que conoció y admiró a Cezanne en su paisaje y escenario: “fue un corazón que conoció y una naturaleza que amó. Cualquiera que sea su afecto, quizás hoy mayor por el hombre que por el artista, describiría su carácter desigual, raro, atormentado, cuyo fondo era la bondad, aunque al final la misantropía terminara por dominarlo, como ocurre generalmente con quienes solo han encontrado la malicia, el interés y la maldad en el mundo”. El texto está recogido en: Recuerdos de Cézanne y cartas inéditas. Traducción de Antonio Lastra y Raúl Miranda. Al final del artículo he reseñado una pequeña bibliografía para quien quiera ampliar sus conocimientos sobre Cezanne y su espacio geográfico, un lugar que es punto reverenciado por sus estudiosos y seguidores.

Según la semblanza recogida por Bernard, podemos decir que sí, que acabó sumido en la misantropía, pero otras personas que también lo conocieron, aseguraron que el maestro de maestros fue un hombre proclive a la charla, a la enseñanza de su sabiduría, al contacto con la gente en los cafés de Aix.

De todas estas contradicciones se deduce que todo depende de aquel que nos mira. Y también puede ser que realmente Cézanne fuera a los cafés, se tomará el café -y lo que no fuera café- con quien fuera que fuese; que, a continuación, se sumiera en su mundo; que no le importara cuanto le decían, ni lo que le contaran, mucho menos aquellos que se lo contaban. Es común para muchos artistas que mientras hablan y tratan de escuchar, están creando. Sus mentes son diferentes. El caso es que esa montaña, pintada hasta la saciedad, ya aparecía en cuadros de la primera época.

Tan sólo hay que fijarse en su obra: El Eterno femenino (1877)


Paul Cézanne (French, 1839 - 1906)
The Eternal Feminine (L'Éternel Féminin), about 1877, Oil on canvas
43.5 × 53.3 cm (17 1/8 × 21 in.), 87.PA.79
The J. Paul Getty Museum, Los Angeles

Se trata de una obra cargada de crítica social. Tenía treinta y ocho años cuando la pintó. En ella, mientras los varones del pueblo apuntan y parecen fagocitar a una mujer, un artista pinta algo sobre un lienzo.

Y ¿qué es lo que pinta ese artista? ¿Acáso pinta a la mujer?

Únicamente hay que ser un poco observador para comprobarlo.

Cezanne se ha retratado pintando su montaña predilecta. La mujer tiene la forma de la montaña, en paralelo a la forma triangular sobre ella. El pintor mira, como todos, a la mujer. Pero pinta la montaña.

El artista que no consiguió aprobar el examen para entrar en la Escuela de Bellas Artes de París no dejaría de pintarla nunca. Y en estos términos le hablaría al joven Gasquet mientras paseaban por los alrededores de Aix y se adentraban en el sortilegio de la montaña provenzal: Por mucho tiempo carecí del poder y del saber para pintar la Sainte-Victoire. Imaginaba que la sombra era cóncava, como los otros, que no miran. Mientras que, fíjese, es convexa. Huye de su centro. Es una sombra que se evapora, se fluidifica. Participa, toda azulada, en la vibración ambiente del aire. Como allí, a la derecha, en el Pilon du Roi. ¿Ve usted? Al contrario que la claridad, se mece húmeda, espejeante. Es el mar... Eso es lo que hay que expresar. Eso es lo que hay que saber. Ése es el baño de ciencia, podríamos decir, en el que hay que sumergir la placa sensible propia. Para pintar bien un paisaje, debo descubrir en primer lugar las capas geológicas y huir de todo realismo en los detalles, que sólo agrada al gusto burgués.

Cézanne llegaría a pintar su montaña hasta 80 veces.

Años después, Picasso, que amó hasta la saciedad el arte de Cézanne, le diría a Brassai: “¿Cézanne? ¡Fue mi único maestro! Sus cuadros me han acompañado durante toda la vida. He pasado años contemplando sus cuadros. He pasado años estudiándolos”.

Y ¡tanto que lo contempló, lo estudió y lo admiró! Un día llamó a Daniel-Henry Kahnweiler, su marchante a partir de 1912, y le dijo: “Me he comprado la Sainte-Victoire”.

Kahnweiler, sabiendo que Cézanne había pintado decenas de cuadros de esta montaña, le preguntó al artista: “Pero ¿Cuál de ellos?” A lo que Picasso contestó: “La de verdad”.

Picasso compró 1.100 hectáreas de monte, en la ladera norte, castillo y título de marquesado incluido: Vauvenargues. Huyendo del alboroto de Cannes, quería vivir la misma obsesión que Cezanne: Mirar su montaña, vivir su montaña, pintar su montaña, oler su montaña. Amar a los pies de su montaña. Dijo de Cezanne: “Es el padre de todos nosotros”.

Château de Vauvenargues
Vauvenargues

El más internacional de los artistas españoles sigue allí. Al pie del macizo Sainte-Victoire, enterrado en el jardín del Château de Vauvenargues. Junto a Jacqueline, su última mujer, cuarenta y ocho años menor que él, con quien se casó. Rodeado de cedros.

 

Bibliografía:

  • Gasquet, Joachim. Cézanne. Lo que vi y lo que me dijo. Gadir Editorial, S.L. 2005.
  • Bernard, Emile. Recuerdos de Cézanne y cartas inéditas. Traducción de Antonio Lastra y Raúl Miranda. Del original:  Souvenirs sur Paul Cézanne et lettres inédites. 1907.
  • Arias Serrano, Laura. Las fuentes de la historia del arte en la época contemporánea. Ediciones del Serbal. Barcelona, 2012.
  • Brassaï. Conversaciones con Picasso. Aguilar, 1964.
  • Rewald, John. Cezanne. A biography. Abradale Press Harry N. Abrams, Inc. New York, 1990
  • Penrose, Roland. Picasso. Su vida y su obra. Argos Vergara. Barcelona, 1981.

 

 

<alt="Sainte-Victoire desde el atelier de Cezanne www.macuarela.com"/>
Sainte-Victoire
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Macarena Márquez Jurado

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Albaicín de noche - Urban Sketcher Granada - Slow Travel

Albaicín de noche

Urban Sketcher Granada - Slow Travel

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

 

Granada de noche y primavera. Con o sin cuaderno uno pinta. En el instante o al instante o muchos instantes después de los instantes.


No sabría qué decir sobre pintar en Granada, o sobre Granada. Cualquier rincón, calle o plaza recreado supone una especie de profanación. En el caso granadino lo mejor es la realidad, que en su caso no está compuesta sólo de espacios y luces, sino también de tiempos. De olores, sabores, texturas y sonidos que se pueden coger. Por ello, al pintar en Granada podremos reflejar la exclusiva realidad. O un instante. Si optamos por la primera opción, será difícil igualar, y mucho más arduo aportar algo sin estropear. Si por el contrario intentamos pintar un instante, nos habremos salido de sus calles y sus cuestas, de sus jardines. Y quizá nos reencontremos con algo que nos dejó cuando ya no estábamos allí.


<alt="Plaza de San Miguel Bajo"/>
Granada - Plaza de San Miguel Bajo
Soñé que pintaba. Macarena Márquez. Acuarela sobre Fabriano.
 

En cualquiera de los casos, es una tarea diferente. No es lo mismo pintar un paisaje, la naturaleza en estado puro, que la naturaleza doblegada de las ciudades. Tendré detractores por decir esto, pero siempre prefiero el último caso. En este concreto de Granada, la ciudad supera y trasciende la naturaleza. E incluso la encierra y la enfoca entre muros de adobe y adarves.

 

La primera vez que fui con la intención de plasmar algo, lo hice una pequeña libreta en donde esbozaba pequeños deslumbramientos que tenía cada vez que doblaba una calle o me adentraba por un jardín, en el instante en que me paraba en la puerta de un carmen a escuchar la algarabía de agua, pájaros y chasquidos de cosas. Al final, escribía más que pintaba, pensando que cuando llegara al estudio sería capaz de extraer algo de todo aquello que poco a poco me iba superando desde todos los puntos del espacio y dimensiones científicas y por descubrir. Me iba quedando atrás. Y esbozaba o lo intentaba. No es lo mismo pintar a partir de una foto que pintar in situ. El movimiento Urban Sketcher tiene un sentido que a mí me gusta y me parece original. Y es que el tiempo es otro. Uno se detiene y trasciende lo que pinta, entra en esa dimensión retomada en la actualidad como contrapartida a la velocidad de nuestras horas, que se denomina “movimiento slow”. Frente a la fast food o comida rápida, la slow food o comida lenta. Este movimiento se inició en Italia a fines de los ochenta unido al de Cittá Slow. Y lo mismo sucedió con el turismo lento. La escritora de viajes Nicky Gardner decía que la velocidad destruye la conexión con el paisaje. Y tenía razón. Hay un turismo que está concebido como turismo de supermercado, de grandes superficies. Se consumen ciudades y “sitios que ver” como se consumen horas de televisión. No hablo de la buena televisión.

 

Ese concepto casi filosófico del viaje o turismo lento -que me encanta-, en Granada es algo que tiene lugar sin querer. El Paseo de los Tristes no es para seres estresados ni para apagar fuegos. En cuanto a los vericuetos de boj de La Alhambra no están hechos para correr. En el Albaicín, lo mejor es subir lentamente, y bajar aún más lento, haciendo una parada en la Placeta de San Miguel Bajo siempre que se pueda. Por la tarde. Sin prisa. Si tenemos la suerte de poder sentarnos, mejor.

 

Allí se encuentra la iglesia de San Miguel Bajo, de estilo mudéjar, que se asienta sobre los restos de una antigua mezquita árabe de la que queda el aljibe, y cuya fachada es un compendio de sencillez artística. De noche, sus muros encalados parecen tener luz. Uno se sienta por allí y espera a tener sueño. Y si el sueño no llega, sencillamente espera y después se va escuchando los susurros y pisadas de los últimos en recogerse, que en Granada siempre son bastantes, y bastantes más que los primeros.


Plaza de San Miguel Bajo - Granada
Junio de 2018
Macarena Márquez - www.macuarela.com


 Siguiendo con el turismo lento, y dentro de esa línea de lentitud a la que me refería, habría que hablar también de pintura y bocetos lentos. Es conocido por cualquier artista que podemos pintar a partir de los trillones de fotos que sacamos cuando vamos de viaje. Podemos recrear en lienzos o cuadernos de forma compulsiva. Esa forma de pintar también describe el pálpito de un artista: el borbotón. Cualquiera de las artes tiene instantes que son veloces y muy intensos. Con todo, también hay momentos y lugares que te paran, en los que la voz del tiempo reclama tu atención para que observes, para que contemples, racionalices, y después te abandones. Granada es una ciudad que está hecha de instantes veloces muy intensos en lo que a arte y expresión artística se refiere. Son instantes de captación que conllevan grandes frenadas, instantes en los que no se puede hacer otra cosa que parar. En el caso de los Urban Sketcher, aprendices o artistas avezados, no quedará otra salida que la de reducir la belleza a líneas, sintetizando todas las longitudes de onda de los colores en dos o tres. La sensación en un lugar como Granada es la de que, con gran humildad, tenemos que comprimir los instantes, la belleza. Como en las buenas partituras, en donde notas y tiempos son colocados de forma perfecta hasta reflejar algo. Y eso como mucho. La mayoría de las veces, ante bellezas grandes, el artista, o da un salto al vacío y rompe con la realidad, o estropea. Creo que la mejor forma de reflejar Granada sería en clave cubista, en clave Fauve, abstracta. Pero nunca realista.

 

Aquí os dejo este instante recreado. Es un boceto más literario que plástico. No pude pintar in situ porque todo resultaba un verdadero estropeo. Era de noche y había una luz granadina de junio. Esbocé. Después soñé que pintaba eso que vi. Y volví a esbozar. Es lo que veis. No se trata exactamente de un urban sketch. Estuve allí, sí. Y esbocé allí. Y rompí. Lo que veis es que soñé que pintaba. Se trata de una recreación pintada de noche sobre una noche concreta, con toda la redundancia de la frase. Ahí dejé mi caballete dentro del esbozo. Y ahí sigo en un instante de junio, tan lento que quedó parado entre mis instantes robados ¿O arrobados?

 

Para suerte mía, el instante se coló. Y se quedó.

 

Material empleado:

Cuaderno de bocetos: Fabriano

Acuarelas en pastilla: Caja de 12 unidades

Pinceles:

Redondos del 2, 4, 6

Lápiz: Portaminas 2HB

Goma de borrar de miga de pan


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El efecto Google Earth y la moda de pintar desde arriba

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

 

Gracias a Google Earth.

Y al esfuerzo colectivo que nos ha hecho llegar aquí.

 

Material empleado para realizar esta acuarela:

Cuaderno de bocetos: FONTAINE. Aquarelle. Watercolour. Papier Noir, negro. Algodón 100% 12x18. 300 g/m2


Acuarelas en pastilla


Pinceles:

Redondos del 2, 4, 6 y 18

Plano del 10


Roller Pen de Tinta Líquida resistentes al agua:

        Signo. Pigment Ink White. Mitsubishi Pencil. Co. Ltd.


Roller Pen water and fade proof. Pigment Ink

        Uni Pin Fine Line 0.4    


Rotuladores de Acuarela – Aqua Brush duo

        Color Light Blue


Lápiz: Portaminas 2HB


Goma de borrar de miga de pan

 

 

El final de la maravillosa película que se llama Google Earth, programa que cualquiera puede instalarse en su ordenador, empieza en el origen de la fotografía aérea. Dicha fotografía, como tantas otras cosas, nace por la necesidad estratégica militar de conocer mapas, terrenos y bases en donde establecerse. Con todo, quien ha pasado a la historia por concretar este hecho de tomar fotografías desde lo alto es Gaspar Felix Tournachon, más conocido como Nadar. Cuando él nació en Paris en 1820, ese deseo estaba en el magma de los deseos del imaginario colectivo, pero como suele ocurrir, fue este aeronauta, periodista y grandísimo fotógrafo, quien lo llevó a cabo.

<alt="efecto google earth"/>
El efecto Google Earth en el Arte - Macarena Márquez

A los 38 años Nadar se embarcó en El Gigante, un globo aerostático desde el que tomó sus primeras fotos aéreas, de las que únicamente nos quedan las crónicas. Su fama fue notable. A su estudio de la Rue des Capuchines iba la más alta sociedad parisina a dejarse inmortalizar. Nadar fue un gran amigo del pintor Manet, pero también de Julio Verne, quien dejó una semblanza de él en el personaje Miguel Ardan, aventurero francés, protagonista en la famosa serie: Viajes Extraordinarios. Miguel Ardan parece responder a la persona de Gaspar Felix Tournachon: Nadar.

Para comprender el alcance de este punto de vista desde arriba y llevarlo a la materia que nos centra, y de lo que trata este blog de acuarela, hay que decir que las fotos de Nadar tuvieron influencia en Manet, y como en Manet, en el resto de impresionistas, que empezaron a utilizar perspectivas diferentes a la más clásica frontal, uno de cuyos exponentes máximos sería La Cena de Leonardo.

Pero no sólo fue este descubrimiento ejercido desde globo aerostático el que contribuyó al cambio de perspectivas. También tiene que ver la renuncia a la visión real en tres dimensiones que ejercieron pintores como el gran Cezanne o Gauguin. Gauguin y los pintores postimpresionistas fueron  aficionados a la pintura japonesa. Conocían la obra de Katsushika Hokusai, autor de: La gran ola de Kanagawa. También de otros autores, cuyas estampas llegaron a Paris a mediados de siglo XIX. El arte japonés se difundió a través de las Exposiciones Universales de la época, como la de París de 1867. 

La llamada “perspectiva japonesa” muestra la realidad de otra forma, con un punto de vista desde arriba que, hasta entonces, no había calado del todo en la Historia del Arte europea. Pongo como ejemplo una preciosa pintura de Utagawa Hiroshige: El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina para comprender la importancia de esta influencia. Esta obra, realizada con técnica xilográfica, que se puede contemplar en el Museo Brooklyn de Nueva York, fue realizada en 1857. Su calado fue tan importante que Vincent Van Gogh la copió en 1887 bajo el título: Puente bajo la lluvia.

 El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina. Autor: Utagawa Hiroshige. 1857.
Museo Brooklyn. Nueva York. 

Como se puede observar en la imagen, la perspectiva isométrica utilizada por los japoneses no tenía en cuenta el punto de fuga y el infinito de líneas que se estrechan hacia el fondo. Es una perspectiva en la que las paralelas se mantienen equidistantes, lo que quiere decir que, si tomamos como ejemplo unas vías de tren que se alejan hacia el fondo, la perspectiva clásica occidental las pintaría con los raíles en triangulo, más cercanos entre ellos cuanto más al fondo, para simular lejanía. Además, cuando utiliza la visión elevada, el occidental aminorará las figuras cuanto más lejos se hagan las tomas. La razón estriba en el principio de tridimensionalidad universal llevado a la bidimensionalidad del papel o soporte sobre el que se trabaja. En cambio, con el punto de vista japonés, eso se hará, o no. Hay veces en que los artistas japoneses reflejan la realidad desde arriba sin tener en cuenta aminorar las figuras para simular que están lejos del espectador.

Todo esto lo digo porque en el momento presente existe fascinación generalizada por las composiciones desde arriba, me incluyo aquí porque considero este punto de vista el más artístico de todos. Pero esto no es una invención del siglo XXI. Estamos en el final de un desarrollo en el que intervienen, como vemos, múltiples factores. Ahora vemos con naturalidad el mundo desde arriba. Es el punto de vista divino, y a todos nos seduce. Pero no hay que olvidar la progresión de todo esto.

El gran fotógrafo Nadar hacía tomas desde su globo sobre los cielos de Paris y sus entornos. Ahora se hacen desde un avión, desde helicópteros o drones, y, si nos vamos más arriba, desde naves espaciales y satélites. Cada vez vamos siendo más pequeños.

No olvidemos en todo este desarrollo, que culmina en una moda maravillosa – el universo Internet está plagado de pinturas con punto de vista desde arriba -, el esfuerzo colectivo y el influjo de unas culturas en otras, unas formas de ver y plasmar la realidad diferentes que se van incardinando hasta llegar al cubismo y estilos posteriores.

Para comprender por qué pintamos así, hay que tener presente esa evolución de perspectivas, el cambio en los puntos de fuga y en los puntos de mira traspasados al mundo del arte. Para llegar a esta corriente, en la que están nuestras pequeñas obras, hay todo un recorrido en el que se han embarcado muchas personas, artistas o ingenieros, fotógrafos o militares, pilotos. Todos ellos tuvieron antes que nosotros la audacia de sobrevolarnos. Empezando por las necesidades militares, siguiendo por Nadar y su globo: El Gigante, continuando con los japoneses y su modo de plasmar la realidad desde arriba, con Manet y Cezanne, a quienes les gustaba esa forma de mirar y que la hicieron suya, con Gauguin que supo plasmarla a la perfección, con Van Gogh que la copió, e incluso la mejoró, con el personaje de Heidi de los dibujos animados corriendo por los Alpes solo con su cabeza y un minúsculo atisbo de sus pies, con Amenábar reduciendo la refinada sociedad de Alejandría, y a Hipatia, a un grupo de hormigas vistas desde Marte, y aun más allá, con el esfuerzo aeroespacial que hoy nos devuelve el mundo en miniatura. Terminando este desarrollo -o quizá comenzando una nueva entrega- está Google Earth, que resume, focaliza desde arriba y sintetiza el planeta, que nos ofrece los ojos de Dios, que todo lo ven. Desde arriba. Tal y como ahora nos gusta pintar.

Aquí os dejo esta “acuarelita”.  He utilizado rotuladores de acuarela de doble punta y también acuarela en pastilla. Mi dron solo alcanza 60 centímetros. Son mi cuaderno y mis brazos. Como mucho.

La playa me gusta de todas formas. También desde arriba.

 

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Urban Sketcher - ¿Qué es el movimiento Urban Sketcher?

 Urban Sketcher - Cádiz

Calle Ancha – Salón Italiano

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

 

El movimiento Urban Sketcher, nacido en 2007 en la plataforma Flickr y cuyo iniciador es Gabriel Campanario, tiene miles de seguidores, e incluso un manifiesto, en el que se estipulan las bases generales.


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Urban Sketcher - Cádiz - Calle Ancha
Macarena Márquez - Septiembre 2020

Pertenecen a él artistas que se reúnen en un lugar del planeta y dibujan y pintan, compartiendo después sus obras. Como hecho aislado, dibujar de forma abocetada in situ es algo que tiene una historia larga, que existe desde que el artista abandona su estudio y se lanza al exterior, en donde toma apuntes con grafito o plumilla, que muchas veces se llevarán a una obra de mayores dimensiones, ya en el estudio, o que se quedarán en fase de boceto. Lo que es original de este movimiento es su carácter global y narrativo, que une a artistas de todo el mundo, pero no sólo a artistas profesionales,  sino a otros con diferente grado de preparación técnica. También es único a lo largo de toda la Historia del Arte, el hecho de que se origina en una red social en donde se comparten los trabajos.

Campanario, ilustrador y periodista español, creador de contenido visual, nació en Barcelona, estudió Periodismo en la Universidad de Navarra y vive en Seatle (EEUU), en donde forma parte de la plantilla de The Seattle Times. Aglutina y lidera un movimiento mundial cuyo lema es: “Enseñando el mundo, dibujo a dibujo”.

Todo empezó compartiendo dibujos de tipo periodístico, después se creó el blog. A la bitácora se fueron uniendo artistas y corresponsales. Los dibujos se hacen a mano alzada, y se acompañan de textos o anecdotarios que añaden contenido al boceto o sketch. Lo primordial, según lo entiendo, es que une a personas muy diferentes pero que tienen un interés común y poderoso, son artistas visuales. Ven y viven el planeta con otros ojos narran el planeta y sus calles, sus lugares, a las personas que lo habitan.

Barcelona o Madrid son ciudades que aglutinan multitud de urban sketchers. Pero estamos en todos los sitios. El manifiesto del movimiento tiene bases entre las que cabe destacar: Ser fiel a las escenas que se ven, ayudar a otros con sus sketchs, y compartir el trabajo en Internet.

Se dibuja en cuaderno. Como ya expliqué en el artículo dedicado a Cuadernos de Viajes, estos cuadernos pueden ser encolados o de espiral, hay sketchers que se fabrican los suyos propios con el número de páginas y gramaje necesarios.  Todo en el boceto es artesano. Lo importante después de dibujar y pintar es compartirlo. El movimiento tiene página oficial en Facebook, en Flicr -en donde empezó-, y en todas las redes sociales. No hay que olvidar que Internet es aglutinante de una multidud de artistas que antes dibujaban solos bocetos de su ciudad y que no compartían su arte más que con su familia. A lo sumo.

Hay diferentes estilos, y dentro de unas bases comunes encontramos técnicas variadas. Unos sketchers delinean con bolígrafo, otros con pluma o plumilla, otros con Roller Pen. Unos delinean antes de pintar con acuarela, y otros -entre quienes me incluyo-, pintan antes, estableciendo las masas y planos de color. Al final delinean. Lo importante aquí es que los rotuladores o plumillas sean de tinta indeleble al agua.  

Al compartirse en redes, el movimiento tiene un crecimiento exponencial. Hay artistas muy grandes en este movimiento, empezando por su fundador, cuya obra me quedo observando muchas veces durante largos ratos y que recomiendo seguir como aprendizaje. Siempre se aprende de los que saben más.

El boceto boceto in situ, o dibujo de ubicación, tiene un valor artístico que este movimiento ha puesto en su lugar. Según el manifiesto se puede dibujar en exteriores o interiores, y siempre es un tipo de composición narrativa, algo que sucede en el tiempo y en un lugar del planeta.

Me encanta este movimiento. Quiero añadir a este artículo, que empecé siendo una especie de urban sketcher muy joven, cuando el movimiento aun no existía. Íbamos en grupos al Café Viena de Madrid, y después al Templo de Debod, a los Jardines de Sabatini, a un banco de la calle a pasar frío o calor con nuestros cuadernos. Éramos todos artistas del emblemático y antiguo Estudio Gutiérrez-Navas de Madrid, y al frente de nosotros se encontraba Concha María Gutiérrez-Navas, a la que -rondando la década de los ochenta del pasado siglo- sólo le faltó para convertirnos en auténticos sketchers la conexión Internet.

A ella le dedico este artículo y este sketch. Se trata de un cuaderno realizado en Cádiz en Septiembre de este año 2020, el año de la pandemia. Cádiz siempre es alegre. El color y la luz de esta ciudad, el clima que lo permite, me dejaron con ganas de volver sólo para hacer Sketching. Nunca es suficiente.

En esta acuarela, en concreto, quise dejar constancia de la densidad de población que había en un par de bancos situados en la Calle Ancha de esta ciudad, frente al Salón Italiano, llegando ya a la Plaza de San Francisco. Cuando se estaba haciendo de noche, y los colores inigualables que se ven allí, ya eran imposibles de reflejar -hay un tipo de belleza que se queda con nosotros, pero que no se puede sacar de su sitio-, observaba y plasmaba un sketch de los bancos que podíamos ver desde el balcón. El banco frente a la famosa heladería se quedaba vacío. A continuación, venían otras personas con nuevos helados. Se iban. Se sentaban otras. No daba abasto con mi cuaderno.

¡Menos mal que llevaba dos!

Material empleado:

Cuaderno de bocetos: ARTEZA. Cold Press, Acid Free. 21x21. 230 g/m2

Gouache:

            Blanco – White

Acuarela en pastilla:

            Paleta básica caja de 12 colores

Tinta china de colores

Pinceles:

Redondos del 2, 4, 6

Planos del 2, 10

Roller Pen de Tinta Líquida resistentes al agua:

            De punta redonda y plana. Números: 0.2, 0.4 y 0.7

Lápiz: 2HB

Goma de borrar de miga de pan

 

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La montaña de Cézanne que Picasso amó: Sainte-Victoire.

En el verano de 2021 fui a comprobar la fascinación que Cezanne sentía por la montaña Sainte-Victoire, hechizo que llevó a Picasso a comprar...