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Monocromía - Cine y Acuarela: El cabo del Miedo. 1962. J.Lee Thompson.

Cine y Acuarela: El cabo del Miedo. 1962. J.Lee Thompson.

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

 

Si tuviera que reducir esta escena de la película "Cape Fear" a una frase, diría que Leavitt me dejó la luz, como si se pudiera coger con la mano. Macarena Márquez

  

Estaba viendo una serie de clásicos del cine en Filmin, en concreto una película estadounidense llamada: Cape Fear rodada en 1962. El director es J. Lee Thompson y está basada en una novela de John D. MacDonald.

La película atrapa. Es un thriller psicológico en el que el abogado, Sam Bowden, pierde la paz de su vida, cuando un criminal sale de la cárcel después de haber cumplido ocho años de condena. El criminal, Max Cady, está representado por Robert Mitchum en un papel inolvidable. La música fue dirigida y compuesta por Bernard Herrmann, quien, al año siguiente, en 1963, pondría música también a la mítica película: Los Pájaros, de Alfred Hitchcock y en 1976 a Taxi Driver. Imposible no recordar: The Main Theme, de Taxi Driver.

<alt="Cape Fear"/>
De la película Cape Fear. J. Lee Thompson. Acuarela: Macarena Márquez

El Cabo del Miedo, Cape Fear, fue llevada posteriormente al cine por Martin Scorsese en 1991. En la versión de Scorsese, el papel de Max Cady lo inmortalizaría Robert de Niro, aunque prefiero el estilo Mitchum.

Pero volvamos a la versión de 1962, en blanco y negro. Aunque está considerada como un clásico, hay críticos de cine que no le dan la excelencia absoluta, salvo a la actuación de Robert Mitchum, que mantiene en tensión al espectador desde que entra en juego. La fotografía, en blanco y negro, fue lo que a mí más me llamó la atención de esta película. Los contrastes, poderosos, sin grandes matices, con claroscuros en bloque que parecen sacados del barroco italiano más grandilocuente, me tenían con los ojos bien abiertos a lo largo de toda la película.

El director de fotografía, Sam Leavitt, utiliza en esta película luces de alto rendimiento, lo que produce contrastes sin tregua. El efecto de oscuridad lo obtiene a base de mucha luz. Todo ello se basa en el principio de que no hay luz sin sombra. Lo mismo sucede cuando pintamos. Si esbozamos una figura en la arena cuya sombra proyectada apenas produce contraste, es que el sol no irradia luz de mediodía, ni de estío. O que, simplemente, está nublado. Cuando el sol es nítido y abrasa, la sombra que proyectan los cuerpos es muy oscura. Esos contrastes de alto voltaje utilizados por Leavitt contribuyen a algunos ambientes de sobresalto, de miedo.

Y no digamos ya con las escenas de exterior. El claroscuro es de tal potencia, que tuve que parar la película varias veces para poder deleitarme. Me dejó tan fascinada esta escena de exterior, que la reproduje con acuarela, algo distorsionada en los personajes, pero con la misma vibración de luz que el efecto de Leavitt produjo en mí.

Decidí trabajar en monocromo. Podía haber traducido a colores. Pero ya no hubiera tenido el mismo efectismo.

Material empleado:

Cuaderno de bocetos: Algodón 100% 21,5X21,5. 300 g/m2

Acuarelas de tubo: Azul Ultramar

Tinta china: Azul Ultramar

Pinceles:

Redondos del 2, 4, 6 y 18

Plano del 10

Roller Pen de Tinta Líquida resistentes al agua:

        Signo. Pigment Ink White. Mitsubishi Pencil. Co. Ltd.

Roller Pen water and fade proof. Pigment Ink

        Uni Pin Fine Line 0.4    

Lápiz: Portaminas 2HB

Goma de borrar de miga de pan


La falta de sutilidad en los matices, la ausencia de valores medios en el tono, contribuyen a ese efecto de calor sin humedad, de luz de verano vibrante. Me encanta esa época, los sweter de rayas, los zapatos blancos, la estética de los sesenta. Le pasa a mucha gente, y es porque somos muchos los nacidos en esa década.

Las primeras imágenes, la moda, las fotos, el cine, la música, todo lo que entra por nuestros sentidos en los primeros años de nuestra vida es de un valor inconmensurable, que a veces no sabemos descifrar, al menos no hasta que somos adultos y ciertas imágenes nos devuelven lo que algún día nos deleitó sin palabras. Quizá esto se produce porque en los primeros años de vida sólo tenemos capacidad para percibir, para dejarnos impactar por el mundo circundante, sin explicaciones, sin raciocinios ni metáforas, sin definiciones.

Después vino el color. Y para eso tenemos toda la paleta y su combinatoria. Pero trabajar en monocromo tiene sus atractivos, porque la sensación al ver esa película, la luz que te queda, racional y sin artificios, no puede ni debe ser traducida al mundo technicolor. Reducir la realidad a un solo color tiene un valor de síntesis, de concretar la luz y sus efectos. 

Si tuviera que reducir esta escena a una frase, diría que Leavitt me dejó la luz, como si se pudiera coger con la mano.

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Macarena Márquez Jurado

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Cuadernos de Viajes

 Cuadernos de viajes

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com


El cuaderno de viaje, de moda y con una línea en ascenso sin precedentes, es una especie de diario de a bordo en el que el capitán puedes ser tú. Une literatura e imagen, y, aunque para crearlo y recrearlo se pueden utilizar muchas técnicas, los acuarelables son los idóneos.


Material empleado:

Cuaderno de Viaje. Hay muchos, de muchos gramajes y calidades.

Gouache:

            Blanco – White

            Rojo Bermellón - Vermilion

Tinta China

            Negro – Schwarz

Acuarela en pastilla:

            Paleta básica caja de 12 colores

Pinceles:

Redondos del 12, 10, 6, 2, 1

Roller Pen de Tinta Líquida resistentes al agua:

            De punta redonda y plana. Números: 0.2, 0.5 y 0.7



<alt="Cuadernos de viajes"/>

Cuadernos de Viaje. Macarena Márquez. www.macuarela.com

 

Llevar una pequeña caja de acuarelas en un bolsillo, algunos pinceles, bolígrafos de tinta, algún tubo de gouache y el cuaderno en sí, es algo que no ocupa lugar. En cuanto al agua, todo acuarelista que viaje sabe que es posible tener siempre agua limpia a mano, aunque no se disponga de grifo. El secreto está en llevar dos pequeños botes que cierren bien. Uno siempre será para limpiar pinceles, y otro para aplicar agua limpia. La limpieza, en la técnica de acuarela es imprescindible. ¿No llevamos siempre la botella de agua encima? Pues para desarrollar un cuaderno de viaje, llevaremos dos pequeños botecitos, que pesan menos.

 

A partir de aquí, todo es empezar.

 

Al principio cuesta. Es como iniciar una novela, una partitura, o un cuadro. El lienzo blanco siempre asusta, pero también es la gran piscina de la creatividad. No está nada escrito, aunque siempre nos hayan dicho lo contrario. El mundo siempre está por descubrir, porque para un artista, de poco sirven las guías si no es capaz de atesorar paisajes y luces, perspectivas, personas y personajes: el planeta. Todo ello sintetizado en bocetos.

 

Yo recomiendo empezar con un cuaderno de espiral, los hay preciosos y de una calidad inestimable. Los precios, como en todo, también los hay variados, pero no hay que asustarse, el tipo medio es muy asequible. Recomiendo empezar con este tipo de cuaderno de tapa dura por varios factores, porque cada hoja tendrá un desarrollo y no nos descentraremos, pero también porque, si no nos gusta lo que está sucediendo en nuestro papel, lo que es normal, sobre todo cuando se está empezando, podemos arrancar la hoja sin temor a estropear el cuaderno.

 

Después de dos o tres cuadernos, ya podremos elegir cualquier tipo entre toda la oferta del mercado. Los expertos en cuaderno de viaje prefieren los que no tienen espiral, lo que también tiene un sentido concreto. Este tipo de cuaderno, al abrir, ya sea encolado o incluso grapado al centro, no tiene salto entre una hoja y otra. Imaginemos un periódico abierto, ese será nuestro cuaderno, y podremos pintar en el centro de las dos páginas siempre que nos convenga para los textos narrativos, o por la propia importancia que queramos dar a la imagen.

 

Se trata de dar contenido a nuestras visitas, plasmar aquello que nos ha llamado la atención, o dejar inmortalizado un punto de luz y temperatura que nos hizo feliz, o incluso menos feliz, pero fue importante. No todo lo bello es alegre.

 

La fotografía tiene su lugar. Incluso nos valdremos de ella cuando lleguemos a nuestro hotel o apartamento. Sería muy bonito pintar in situ, pero no siempre es posible. Por tanto, la fotografía será nuestra herramienta, en donde nos apoyaremos para transferir algo más. Cuando llegamos de un viaje a menudo nos encontramos con miles de fotografías repetidas, malas, buenas y buenísimas. También malísimas. La mayoría de las veces, no hablo de fotógrafos profesionales o aficionados con técnica y arte, no nos acordamos de seleccionar lo bueno y acabamos acumulando material digital que dejaremos en herencia a nuestros descendientes, y que estos, seguramente, no verán. No lo hacemos ni siquiera nosotros, que hicimos las fotos.

 

En cambio, un cuaderno de viaje es una semblanza propia. En ella mostraremos, no el viaje de la guía de turno, sino nuestro viaje, nuestras simpatías y antipatías, lo que nos hace felices o nos crea conciencia de belleza, de estabilidad y equilibrio. Y dibujaremos y pintaremos montañas, catedrales, mares, trenes, arte, música, Y también a quienes amamos y nunca olvidaremos. Y, además, lo dejaremos ahí para siempre. Casi seguro que no irá a la papelera, desde luego no irá a la papelera de nuestro ordenador porque se trata de un cuaderno, y de un cuaderno joya que, bien realizado, o más de principiante, se rifarán nuestros hijos o amigos cuando ya no estemos.

 

Podría hablaros de la historia de estos cuadernos, pero este post es solo de iniciación. Habrá más. En la muestra tan sólo he escrito a pincel. Un placer que hemos olvidado. Digitar es rápido, y si no que me lo digan a mí, que también escribo. Con todo, coger un pincel, cargarlo de pintura y deleitarnos en ello es entrar en el mundo de la conciencia plena del arte.

 

No olvidemos lo esencial:

 

Lo importante de estos cuadernos es pintar lo que la fotografía no ve.

 

Ve mirando en cuál de ellos vas a empezar a plasmar esto último que acabo de decir.

 


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Macarena Márquez Jurado

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Mezquita de Córdoba con Nescafé, Acuarela y Tinta china

Pintar la Mezquita de Córdoba con Nescafé y Tinta china

Intenta pintar el Tiempo

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com


Para realizar esta pintura de carácter “instantánea” en la que no me quise detener en el detalle, utilicé tres de los recursos con los que más me gusta pintar. El primero es el Nescafé soluble, el segundo: la Tinta China, un acuarelable con carácter permanente. Y el tercero es un tipo de papel utilizado en fotografía: El papel Couché.


Material empleado:

Papel Couché. Gramaje 310 gr RC Brillant (Observaciones más abajo)

Nescafé Classic Natural. Café Soluble.

Tinta China

            Amarillo – Gelb

            Azul Cobalto – Kobaltblau

            Negro – Schwarz

            Carmin – Karmin

            Bermellón – Zinnober

Pinceles:

Redondos del 12, 10, 4

          Plano del 10

Líquido Enmascarador

 



<alt="Mezquita de Córdoba"/>

Mezquita de Córdoba by Macarena Márquez Jurado


Sobre la técnica del Nescafé mezclada con Tinta China

 

Ya he hablado en anteriores posts. Y habrá más. Adoro la inmediatez de esta textura al ser aplicada por el pincel mezclada con agua. Y como explico a continuación, esta vez lo he hecho en binomio perfecto con Tinta China de Colores, lo que, dado el carácter permanente de la Tinta China, y el aglutinante que resulta de los azucares del Nescafé, produce un efecto único al secar. Si a eso le añadimos que he trabajado sobre un papel Couché (fotográfico) brillante de 300 gr/m2 de gramaje, el resultado es el que tenéis aquí. A mí me encanta porque quise plasmar un Self de Mezquita, una sensación, una instantánea acuarelable. Y creo que ahí está. No es una pintura hiperrealista, es una sensación dentro de un ambiente. Y pintar el Tiempo.

 

Nescafé mezclado con colores es uno de mis recursos cuando quiero situarme en un ambiente de interior, o de exterior, que arropa. Aquello de los “Momentos Nescafé” fue y es una realidad transferible al arte y sus momentos, sus luces. Sólo tenéis que partir de Nescafé puro, añadir unas gotas de agua, mover hasta conseguir una mezcla glaseada, como un almíbar espeso, y ya tenemos la base. Iremos añadiendo tinta china de colores y haciendo pruebas hasta conseguir resultados. Lo mejor es la experiencia personal. A mí me gusta tener una hoja de papel al lado en donde hago rayas para probar texturas y tonos. El Nescafé con Carmín, Bermellón y Amarillo, como he utilizado en esta composición, da calor, ambiente, una sensación de estar dentro del lugar y sentir la luz, el olor, la temperatura del lugar.

 

La Tinta China


Es un tipo de pintura que se utilizó desde tiempos inmemoriales por los artistas chinos debido a varios factores, entre los que se encuentran que su arte no siempre busca la absoluta fidelidad al objeto representado y su entorno. Es un arte de tipo intelectual, en donde el paisaje alterado por los fenómenos de luz y temperatura no interesa.  La tinta china es de secado rápido, y muy contundente en cuanto a pigmentación, por lo que para conseguir medias gradaciones de luz no es la pintura más recomendable. Pero esa perspectiva, llamada atmosférica, en que la distancia y la cercanía la marcan la luz y otros elementos como el viento o el grado de humedad, no es algo que en este tipo de pintura se suela utilizar. A diferencia de la pintura occidental, en la oriental, el objeto o sujeto artístico se representa en sí mismo, teniendo el lugar o paisaje en donde se inserta una importancia relativa, a menudo simbólica. Las gradaciones medias no son las que más interesan, por lo que la tinta china es lo más recomendable.

 

Por eso también he elegido esta pintura como base para representar el “arbolado de columnas y arcos” de la Mezquita de Córdoba. Quería conseguir un efecto de visión rápida, un self de mezquita, pero no de cualquier mezquita, sino de la Mezquita de Córdoba. Utilizo la palabra Self en su valor, no fotográfico (selfie), sino en el más puro junguiano de “sí mismo”, en este caso “sí misma”, porque es mezquita.

 

El papel Couché

 

Se trata de un papel impermeable, en que la pintura no penetra, por lo que es toda una experiencia deslizar el pincel y llegar hasta el final del pliego. La comparación sería, ir en patera sobre el mar o haciendo esquí acuático. Pintar sobre este papel es hacer esquí acuático. Brillante, suave e impermeable, todo un festival para un pincel que va cargado de Nescafé y Tinta China de colores.

 

En este caso he utilizado uno de gramaje considerable, 300 gr/m2. Y el resultado final lo podéis ver.

 

Como dejo reflejado en esta pintura y en este post, no he querido pintar de forma realista, lo que he querido es plasmar el self de la mezquita de Córdoba, la sensación, la temperatura y el tiempo. Si es que el tiempo se puede pintar.

 

Te lo recomiendo. Intenta pintar el tiempo. 



EL AZUL ULTRAMAR

Índice Internacional de los Colores.
Número IC:  PB29
Descripción Química: Sulfosilicato de sodio aluminio
Nombre: Azul Ultramar

De los tres colores primarios: Rojo, amarillo y azul, este último es el que al mezclar con negro o blanco conserva mejor su entidad. Os animo a hacer la prueba con acuarelas. El rojo con blanco deja de ser un rojo, un amarillo con negro deja de tener el distintivo amarillo, tan peculiar. Por eso el azul es el color con más carácter, por decirlo de alguna forma. Sigue siendo azul mezclado con negro o blanco. Más o menos claro, más o menos profundo, pero Azul.

© Macarena Márquez Jurado – www.macuarela.com

En la muestra todos son Azul Ultramar:

1: Azul Ultramar de Tinta China.

2: Azul Ultramar de Acuarela Líquida.

3 y 4: Azul Ultramar de dos marcas distintas de Acuarela en pastilla. 

<alt="Azul Ultramar"/>
Azul Ultramar - Macarena Márquez Jurado

Colores y emociones están íntimamente relacionados. Kandinsky decía del azul muy oscuro que era como el sonido de un violoncelo. Si relacionamos color, emoción y música, hay que recordar que el azul sugiere una tristeza de tipo poética, pensamientos oníricos, melancolía, y que, por eso, al Blues se le llamó Blues. Aunque hay varía teorías, la más aceptada dice que proviene de las palabras Blue Devils (diablos azules). En el siglo XVIII, cuando una persona tenía uno de esos estados relacionados con la melancolía, y también cuando estaba ebrio, se creía que veía estas figuras azules, o que tenía the blues. Y, aunque el Blues se inició como expresión de los esclavos del sur de Estados Unidos, en las plantaciones de algodón, que lo entonaban como un canto para dar vía libre al sufrimiento y a la tristeza, y que tenía una connotación espiritual, en la base de todo ello está el color azul.

En cuanto a color se refiere, el Azul Ultramar, llamado también azul verdadero, llega desde más allá del mar y por vía marítima, Ultra-Mar, como ya dijo Marco Polo. En concreto, desde unas montañas de Afganistán, en donde se encontraba una gema semipreciosa llamada lapislázuli, ya conocida por los egipcios, que no lo utilizaron como color en sus pinturas por no haber sabido desarrollarlo, aunque sí en tapices, tejidos y joyería.

Fue a partir de la Edad Media cuando el Azul Ultramar llegó a Europa. El noble color obtenido del lapislázuli afgano era muy costoso, por eso los pintores renacentistas lo empleaban de forma contenida en sus composiciones pictóricas, en vestimenta o attrezzo de sus mecenas. Pero, sobre todo, en el manto de la Virgen por su grado de importancia. Lo encontramos en las pinturas de Simone Martini, discípulo aventajado de Duccio di Boninsegna, quien dio un paso adelante en cuanto a recursos pictóricos de la Historia del Arte, al sustituir fondos dorados por azules de ultramar sin parangón en su conocidísima obra: La Maestá del Palazzo de Siena.

https://artsandculture.google.com/asset/maest%C3%A0/zwF3haL1RjxMeg?hl=es.  

Recomiendo observar con detenimiento esta pintura para comprender lo que es el desarrollo en la aplicación de los colores de los maestros del Quattrocento y del Cinquecento italiano. En el siglo XXI, si a un pintor le falta Azul Ultramar, va a la tienda, o lo pide por Internet, y, como mucho lo tiene en su casa en 24 horas listo para su utilización, y no precisamente para pintar el manto de la Virgen, sino para todo.

La segunda obra que no podemos dejar de ver si queremos comprender un poco más la base de este primitivo Azul Ultramar, es la Capilla Scrovegni de Giotto, en Padua. Giotto hizo en ella un alarde de pigmento. Si puedes ir a Padua, no lo dudes. Y, si no, busca imágenes en Internet. Mira la bóveda, detente en las historias y sus fondos. Sumérgete en el Azul. Y volarás.

En cuanto al pintor que te recomiendo para que estudies en él la aplicación de este color, ya en el siglo XVIII, es Vermeer. Sólo hay que observar La joven de la Perla. Su mecenas le proveía del pigmento, y el pintor no escatimaba cuando era él mismo quien tenía que hacerse con el cotizado tesoro.

En cuanto a la aplicación en Acuarela, por norma general el Azul Ultramar es de los colores cuyos pocillos o botes siempre estarán más desgastados o vacíos en el material de cualquier pintor de acuarelables que se precie. Esto es así, porque es necesario para la formación de grises. Todo lo contrario que sucedía en los inicios de la utilización de este color, en que se intentaba evitar todos aquellos aglutinantes o pigmentos que lo agrisaran.

Uno de los grises base en acuarela se forma a partir de la aguada de Azul Ultramar + Siena Tostada. Yo siempre recomiendo algo más de Azul Ultramar que de Siena. Son grises más fríos, más limpios, y me gustan más. Pero la gama de grises es interminable.

Haced la prueba.

Por último, hay que recordar que este color se comenzó a obtener de forma sintética a partir de que la Société d'encouragement pour l'industrie Nationale, creada en 1801 para promover talentos y fomentar la industria, convocase uno de sus concursos. En la base estaba la obtención del cotizado azul de forma sintética y económica. El ganador fue Jean Baptiste Guimet, un químico francés, que pasó a la historia como el inventor de la fórmula, de ahí el calificativo añadido al Azul Ultramar verdadero, o Ultramar Francés. Eso, a pesar de que también lo consiguiera Christian Gmelin, profesor de química de la Universidad de Tubinga. A partir de su fórmula, se desarrollaría la industria del Azul Ultramar sintético en Alemania.

El Azul Ultramar sintético es más brillante que el original obtenido del lapislázuli. De las marcas actuales, el azul que en la muestra pongo como número 3, algo menos tintado de azul que el resto, sería el que más se parece al original extraído del lapislázuli.

Para terminar, quiero recordaros que el CLASSIC BLUE o Azul Ultramar es el Pantone de este año 2020, azul y profundo.


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Acuarela Líquida

Me encanta pintar con Acuarela Líquida. Sus colores son vibrantes, y las tintas resultan más parecidas a la Tinta China de colores. Las utilizo siempre, bien aguada para composiciones de acuarela clásicas, o apenas sin aguar en temas más arriesgados. Aunque, en realidad, lo más recomendable es utilizar estas acuarelas cuando hacemos trabajo de diseño e ilustración, en los que podemos necesitar bloques de color con menos progresión de tonos. En determinados trabajos de prediseño, antes de publicar, o de pasar a lo digital, necesitamos manchas que resulten compactas y en las que no se note la pincelada.

Material:

Papel: 14,8 x 21 cms. de gramaje 160 g/m2

Puede ser cualquier marca, pero en la gama de grano fino.

Pinceles: Redondos del 12, 10 y 4.

Lápiz o portaminas.

Paleta de mezclas redonda.

Acuarela Líquida:

·          Amarillo cadmio oscuro – Cadmium Yellow Deep Hue

·          Verde Oliva – Olive Green

·          Rojo Bermellón - Vermilion Red

·          Rojo Naranja – Orange Red

·          Rojo Intenso – Deep Red

·         Carmín de Alizarina – Alizarín Crimson

·          Azul Ultramar - Ultramarine Blue


Protector Spray 680 Talens

 

 

Actualmente es lo que llamamos color block, un concepto que ha traspasado el mundo del arte pictórico para instalarse en la decoración y en la moda en general. Para conseguir este efecto block, o de color saturado cuyo efecto es la planitud, utilizo siempre la acuarela líquida. El iniciador de esta línea de color block a la hora de pintar fue Piet Mondrian, quien utilizó los colores básicos en su formato block, sobre todo al final de su evolución artística. Las colecciones permanentes del Museo de Arte Reina Sofía y de la Colección Thyssen de Madrid albergan cuadros de este pintor, creador del neoplasticismo, movimiento artístico en cuya base no está la imitación de la realidad, sino la trascripción a partir de los tres colores primarios: Amarillo, RojoAzul, a lo que se añade el blanco y el negro. Es un arte sin profundidad, sin símbolos, sin atmósfera. Marca el inicio del color block al que me refiero, un color al que el acuarelista puede llegar mucho mejor, si lo hace con la acuarela líquida. También con tinta china.


<alt="Acuarela Líquida"/>
Tomates - Acuarela Líquida
Título: Rojo Rojo Rojo
Autora: Macarena Márquez Jurado
www.macuarela.com

Su textura, al secar, es mucho más satinada que la acuarela en pastilla o la de tubo. Resulta más brillante. En cuanto a su nivel de permanencia, ahí es en donde hay que decir que, si se expone a la luz del sol, o excesiva, y también a la luz fluorescente, puede perder tono. Sus colorantes son resistentes, pero no soportan tanto como otro tipo de acuarelas una gran exposición a la luz. Hay barnices que protegen los trabajos con este tipo de acuarelas. Son incoloros. Por ejemplo, yo uso Protecting Spray 680 de Talens, aunque hay muchas marcas. Se trata de una resina que no amarillea y que protege la acuarela, no solo en su color, sino también en el grado de humedad. Recomiendo hacer una pequeña prueba en un papel en el que se haya pintado algo inservible. No se puede pegar excesivamente el bote al papel. Hay acuarelas, sobre todo las oscuras, como verdes, azules o carmines, que al secar pierden brillo. Al hacer la prueba se puede comprobar cómo el color vuelve a ser el que era en su origen, recuperando su esencia.


En cuanto a otra de las peculiaridades que me seducen de estas acuarelas, con la que he trabajado y trabajo a menudo, es que, una vez finalizada la sesión, dejo en la paleta de mezclas los colores. Cuando retomo el trabajo que esté desarrollando pasados unos días, añado unas gotas de agua en cada pocillo, y la acuarela vuelve a su ser, líquida y vibrante, sin haber perdido un ápice de luz. Ni brillo.

 

Para los aficionados al aerógrafo, trabajar con estas acuarelas es toda una fiesta. Al no estar hechas con pigmentos, y sí con colorantes, no taponan las salidas del aerógrafo. También las recomiendo para teñir o variar la tintada, por ejemplo, de una mezcla de gouache o témpera. Como explico, los colorantes de estas acuarelas son muy potentes.

 

Para los que prefieren pigmentos orgánicos, más resistentes a la luz, la marca Dr. Martins ofrece este tipo de acuarelas con excelentes resultados. Se pueden utilizar indistintamente. Aunque tengo que confesar que yo adoro mis Acuarelas Vallejo, que están en mi base de material siempre. Y, por añadidura, todas las demás. Hay que ir eligiendo marca, o marcas.


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Tomates con Acuarela Líquida-Macarena Márquez


Acompaño este artículo sobre acuarela líquida con uno bocetos de tomates realizados con las mismas. En algunos casos, como se puede observar, he dado unos toques de acuarela en pastilla, pero la líquida siempre se sobrepone.

 

Animo a todos a probarla. 


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